Del lenguaje y expresiones

Uno de los elementos que más ha sido utilizado por simpatizantes y López Obrador, para regodearse y hacer valer aún más su triunfo, ha sido el lenguaje.

A estas alturas no escandaliza lo que se diga, sea lo que sea. Hemos pasado por cambios reales en el uso del lenguaje. Las palabras que en otro tiempo se decían en voz baja o en conversaciones privadas, se han convertido, en un buen número de casos, en formas de comunicación.

Nadie se sorprende porque todos las usamos. Si en otro tiempo parecían exclusivas de comunicación o expresión entre hombres, hoy las mujeres las usan indiscriminadamente sin que nadie se sorprenda, inquiete o se sonroje.

Lo que hace la diferencia con el uso del lenguaje son sus intenciones. Lo grosero, por decirlo de alguna manera, no tiene que ver necesariamente con la utilización de una palabra u otra, lo que hace diferencia es la intención. Es lo que los semiólogos llaman el implícito y el explícito.

Si alguien tiene un muy interesante uso del lenguaje es López Obrador. Utiliza palabras y expresiones propias de su lugar de origen, lo que nos ha obligado a investigar qué quieren decir. No se las “saca de la manga”, son manifestaciones que tienen un sentido y razón de ser en Tabasco, Macuspana y otros lugares.

El triunfo de López Obrador ha provocado entre muchos de sus seguidores expresiones de toda índole, particularmente a través de las “benditas redes sociales”, las cuales están siendo usadas al mismo tiempo para manifestaciones que sirven para regodearse con el contundente triunfo y para expresar, explícita o implícitamente, rasgos de venganza y hasta odios sociales.

El uso de la palabra “fifí” por parte de López Obrador tiene mucho que ver con una mirada de clase, más allá de la definición que hace de cierto periodismo el cual bien se sabe que no le gusta, le incomoda y hasta desprecia.

Lo que diga López Obrador y sus muy cercanos permea entre sus seguidores de una manera apabullante. Sus ironías y sarcasmos trascienden de manera ostensible. Las expresiones y palabras que usa y su entorno terminan siendo las formas de expresión de sus seguidores, tanto en forma como en fondo.

López Obrador ha convertido el lenguaje en uno de sus más importantes instrumentos. Es obvio que de suyo lo es, lo que hace la diferencia es que al ser un hombre letrado, hace tiempo que el país no tiene un  Presidente así, sabe lo que significa decir, atacar, insultar y desacreditar.

Sus expresiones y palabras son utilizadas, repetidas y recicladas a la manera de sus seguidores, dándole un nuevo sentido en que puede prevalecer la rabia, el encono, e insistimos, dosis de odio social.

El nuevo gobierno lleva ya un buen tiempo gobernando, aunque no lo sea formalmente. Sin embargo, parece que sigue en los terrenos de las campañas, señalamientos y acusaciones. Quizá ya es tiempo de que caigan en cuenta de que ganaron con contundencia y que ya son de alguna forma gobierno.

El desplante de ayer en la FIL, sobre todo de quien vino y en donde lo hizo, no ayuda al necesario clima de serenidad que le urge al país. Elevar el nivel del debate con un uso del lenguaje divertido, inteligente y hasta juguetón, puede ser uno de los detonantes para crear nuevas bases y nuevos códigos ante la inminente nueva realidad.

Nadie se sorprende ante lo que se diga, ante los dobles sentidos o ante el uso de palabras llamadas en otro tiempo altisonantes. La cuestión está en las intenciones y en establecer códigos de entendimiento, a través de la riqueza del lenguaje.

RESQUICIOS.

“Cuando menos los cuerpos de 19 personas habrían sido incinerados en el basurero de Cocula, siendo indispensable realizar los análisis genéticos a efecto de determinar si dichos fragmentos óseos corresponden a alguno de los estudiantes”. La verdad que encontró la CNDH, asegura la Comisión, implica la existencia de vínculos entre algunas autoridades estatales, municipales con integrantes del crimen organizado: CNDH.


Este artículo fue publicado en La Razón el 29 de noviembre de 2018, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

Autor

  • Javier Solórzano

    Javier Solórzano es uno de los periodistas mexicanos más reconocidos del país, desde hace más de 25 años. Licenciado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México, cursó estudios en la Universidad Iberoamericana y, hasta la década de los años 80, fue profesor de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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