Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil supo que la Corte había suspendido la ley de tope salarial. Gamés lo leyó en su periódico MILENIO y en una nota de Rubén Mosso: “La Ley Federal de Remuneraciones Públicas que mantiene enfrentados al Poder Judicial de la Federación y a los senadores de Morena y al Presidente López fue congelada por la Suprema Corte de Justicia, por lo que no podrán reducirse los sueldos de altos funcionarios como establece el estatuto para el próximo año (…). El ministro Alberto Pérez Dayán admitió a trámite la acción de inconstitucionalidad que interpuso la minoría del Senado y concedió la suspensión de la legislación”.
Gil se disfrazó de Montesquieu y caminó sobre la duela de cedro blanco del amplísimo estudio. Arrastrando los pies, preguntó al viento: ¿Existe la división de poderes? En principio, sí. El ministro ha señalado que no se puede reducir el sueldo a los funcionarios y el Presupuesto de Egresos de 2019 tendrá que elaborarse en los mismos términos en que se hizo el de 2018 (Gil le intelige a estos áridos asuntos judiciales, Gilga se abraza a sí mismo). O sea, Pérez Dayán ha subrayado que el Poder Judicial no es de juguete. Un hurra para Pérez Dayán: ¡Hip, hip, hurraaa! Las vencidas se van a poner muy buenas. El presidente Liópez impuso su fuerza y reaccionó contra la Suprema Corte y se refirió a sus integrantes como deshonestos e insensibles.
Deshonestos e insensibles
En un gesto histórico, Gilga se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y hesitó: si alguien gana un salario alto y no lo quema o lo tira al cesto de la basura se transforma en un corrupto. Diantres. Los legisladores de Morena reaccionaron: el diputado Mario Delgado, los senadores Monreal y Batres se agarraron a bofetadas con la Suprema Corte. En redes, las brigadas de Morena llamaron a una “marcha por la destitución de los magistrados de la Suprema Corte de la Justicia”. Gil entiende esto: el Presidente está por encima de la Corte; es decir, no se atrevan a desafiar el poder del líder. Dirán la misa, pero Gamés encuentra en la suspensión de la Ley de Remuneraciones un golpe durísimo al Presidente y los suyos. Oh, sí. Gil quiere que Liópez Obrador cante esta vieja canción infantil: un candadito nos vamos a poner, el que se lo quite va a perder. Es que carambas, el que habla sin pausa dice muchos dislates.
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