Edomex, AMLO vs. AMLO

Andrés Manuel López Obrador empeña su resto en la tercera y última llamada para ser presidente de México. El candidato de oficio, convertido en sepulturero, abre fosas y escribe actas de defunción por adelantado.


Por el “no” de Juan Zepeda para claudicar a favor de Delfina Gómez, el líder de Morena ha sentenciado la muerte política del partido que lo hizo Jefe de Gobierno y dos veces candidato a la Presidencia, “PRD, palero de Peña Nieto”.


En su historia reciente, cuando del partido amarillo todavía se servía, AMLO acuñó y fustigó aquello de “dejarse agarrar la pierna”, en referencia a liderazgos que procuraban negociación y diálogo como instrumentos fundamentales de la política.


El absolutismo de López Obrador fundamenta la respuesta del candidato del PRD al gobierno mexiquense. Juan Zepeda apuntó al talón de Aquiles del tabasqueño: su propensión a dividir, a fracturar, ¡a polarizar y nunca a sumarm como razones de fondo para sus dos derrotas en las urnas.


Pero Andrés Manuel no sólo sepulta por anticipado al PRD, también le procura una inmerecida fosa a su candidata, Delfina Gómez.


A nueve días de la elección, el protagonismo de AMLO le roba el propio a su abanderada. La propuesta y operación sobre las alianzas tácitas o implícitas, más que de sometimientos a futuro, debían fortalecer la imagen de la maestra mexiquense como política mayor de edad, pero no, la función estelar siempre es y ha de ser de él.


Esa vena pugilística de López Obrador eclipsa el escenario que correspondería a su competitiva candidata, que aún en el escenario de segundo lugar, estaría ganando mucho para la causa del tabasqueño; un partido inexistente hace seis años arañando en su primera competencia el poder en la cuna presidencial no es poco, pero el sepulturero hace de las suyas.


Por eso Juan Zepeda tiene razón, la incapacidad de AMLO para operar su oferta social con las alianzas, las sumas y los conciertos inherentes a toda cosa pública, aquí y en toda democracia, lo hace confrontarse de nuevo con su peor enemigo, él mismo.


Telecomunicaciones, la reforma fallida Cero y van dos de dos. Las licitaciones de frecuencias para nuevos competidores en la radio y la televisión de México, producto de la reforma estructural en telecomunicaciones, han resultado en escándalos y dudas más que razonables sobre la probidad y eficiencia del Instituto Federal de Telecomunicaciones como órgano autónomo rector de tan estratégico sector.


Primero fue Grupo Radio Centro, de Francisco Aguirre, en la licitación para 123 frecuencias de televisión digital terrestre. Ahora es Tecnoradio, un misterioso grupo empresarial que se retracta a medio camino, pagando costos y castigos por falta de seriedad que más que solventar daños y perjuicios a las arcas públicas, alientan nuevas sospechas sobre corrupción entre personajes que se promueven como amigos de poderosos en turno menguante.



Este artículo fue publicado en La Razón el 25 de mayo de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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