Los muertos de allá y los de aquí

El gobierno asimila lecciones históricas para no repetir errores. Los reflejos al enviar a El Cairo, Egipto, a la canciller Claudia Ruíz Massieu da cuenta de ello. 24 horas desde el ataque erróneo a un convoy de turistas mexicanos en la joya desértica del turismo egipcio bastaron para darse cuenta que la situación de los mexicanos se complicaría aún más debido a la falta de atingencia y profesionalismo del gobierno de aquel país.

La decisión de enviar a la titular de la SRE se tomó en caliente. La secretaria Claudia Ruiz Massieu se reunió con Sameh Shoukry, ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, quien compuso la diplomacia al expresar condolencias por las ocho víctimas y los seis heridos mexicanos. Ruíz Massieu también fue recibida por el presidente de la República Árabe de Egipto, Abdelfattah Al-Sisi.

La presencia de la Canciller facilitará los trámites de repatriación, al tiempo que aumentará la presión sobre la investigación que prometieron será expedita, exhaustiva, transparente y estéril, a fin de cuentas; pero evitar la impunidad es parte del catálogo mínimo que la Canciller lleva en ésta, su primera misión al frente de las relaciones internacionales.

Sobre el infortunio de los connacionales el gobierno reaccionó con atingencia, trasladó a familiares y una red de apoyo, tanto médico como logístico. Allá, autoridades han limitado toda comunicación o filtración que no esté apegada al resultado de la investigación que se procese también por la vía diplomática. Principio de orden para corregir el desaseo y la torpeza como querer justificar que allá pelean contra el Estado Islámico y aquí contra el narco y que en esos tenores se cometen errores, que se matan inocentes.

En México surgen las comparativas en el nivel de atención que los muertos de allá recibieron en contra de las decenas de muertes impunes aquí. Escenarios que no guardan similitud alguna. Ayotzinapa, Tlatlaya y Huetamo son casos abiertos, que lastiman la gobernabilidad, pero cada uno está inscrito en dinámicas particulares y la comunicación, a pesar de sus yerros, no se ha cerrado.

Las conclusiones en cada expediente, como en tantos otros episodios, dejará siempre inconformidades y denuncias por injusticias perpetuadas al amparo del poder, sean ciertas o imaginadas. En la noche de El Grito en México no se presentaron actos de sabotaje ni de violencia. El ánimo social, si bien tocado, sigue mayoritariamente apostando por la justicia con las ayudas y fiscalías que la sociedad, nacional e internacional, han puesto para paliar la desconfianza.

El encuentro del Presidente Enrique Peña con los padres de los 43 normalistas el próximo 24 de septiembre es una medida que revela la necesidad para continuar atajando la presión social. Esa que crece a pesar de las bondades economicistas que pretenden hacernos notar que la esperanza no se murió.

 


 

Este artículo fue publicado en La Razón el 17 de Septiembre de 2015, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página

 

Autor

Scroll al inicio