Luis Eduardo Aute: “Quisiera hacer canciones felices, pero la realidad me obliga a lo contrario”

Este artículo fue publicado originalmente el 22 de noviembre de 2013 lo abrimos de manera temporal dada su relevancia periodística.

La tarde cae sobre Xalapa, cuyo cielo rojizo se torna índigo con los últimos rayos de luz de un día otoñal. Luis Eduardo Aute recién llega a la ciudad que lo espera con emoción para escucharlo en concierto por primera vez.

El artista luce tranquilo. Amable, accede a la entrevista mientras pide una copa de vino para acompañarse y refrescar su garganta durante la charla. Desprovisto de poses, generoso, en lo que llega su bebida pregunta por las lluvias, por las inundaciones, por las víctimas. Muestra un interés genuino por conocer el terreno que pisa, lo que hay detrás de una simple presentación ante un público, nuevo en su mayoría, que desea escucharlo y hacer suyo su sentimiento.

Durante la plática se muestra lúcido, firme en sus convicciones y sencillo en sus planteamientos. “Estamos absolutamente abocados a intentar encontrar una manera de sobrevivir, entendiéndonos los unos a los otros, valorándonos, respetándonos y construyendo una forma de convivir que tenga que ver algo con el sentido de la vida”.

Compositor, cantante, pintor, cineasta, poeta, Luis Eduardo Aute encarna al artista total. Pero en el fondo, sigue siendo aquel muchacho que hace 40 años esperaba encontrar rosas en el mar.

Siempre has tenido muchas cosas qué decir, desde el inicio de tu carrera. ¿De qué se ocupa tu mente ahora, de qué vale la pena escribir en la actualidad, que vivimos tiempos tan duros, con Europa en una tremenda recesión económica y en América Latina sin acabar de definir hacia dónde vamos?

Pero están yendo. No sé si volviendo o si estamos cayendo, pero ustedes están yendo. Con dificultades, pero hay proyecto. Y tú mismo has dado la respuesta. Los motivos que me inquietan para desarrollar canciones o poemas es un poco este estado de ánimo, este momento histórico que estamos viviendo tan caótico, tan confuso, tan brutal, secuestradas las democracias por la política, por el poder financiero.

Estamos viviendo tiempos muy convulsos que evidentemente afectan. En España, y en Europa en general, la situación es muy inquietante, en el sentido de que no se ve ninguna luz al fondo del túnel. Estamos en el túnel y parece que vamos a estar largo tiempo ahí. Hay un estado de ánimo colectivo muy abandonado ya a lo que pueda ocurrir. Se nota en la gente cuando hablas con ella, que está en un desánimo grande.

Y bueno, esas experiencias son las que me motivan a reflexionar un poco sobre todo eso, a través de canciones, de poemas.

Además de la lírica sobre el amor, la pasión, mantienes pues tu lírica con sentido social…

Sí, inevitablemente. Yo quisiera hacer canciones maravillosas y felices, pero la realidad me obliga a lo contrario. Soy incapaz de no ser sensible a lo que está ocurriendo, y además, también incapaz de no manifestar mis opiniones al respecto.

Encontrar en estos momentos una historia de felicidad es difícil. La historia está construida a base de dolor, prácticamente. Pero en estos tiempos no es tanto el dolor, que evidentemente lo hay, hay una pobreza que crece cada vez más. Los ricos son cada vez mucho más ricos, mucho más poderosos, y los pobres están en la miseria.

Pero en la historia siempre ha habido alternativas a situaciones parecidas. Lo terrible de los tiempos que estamos viviendo es que no se ven alternativas, y las alternativas que se ven son incluso más desilusionantes.

Es una situación histórica de mutación, una mutación muy profunda, muy terrible, muy injusta, y que va por unos derroteros que a mí no me gustan nada. Tengo una canción en este último disco que se llama “Feo mundo inmundo”. Evidentemente, hace referencia a este mundo que se está presentando,

que aparte de injusto, de terrible, de invivible, es además muy feo. Moralmente feo, éticamente feo, estéticamente feo. Vamos a ver qué va pasando.

Y sin embargo, ¿nos queda esperanza como para seguir cantando?

Más que nunca. Yo tengo necesidad de escribir, de agarrar la guitarra, cuando me siento mal, cuando estoy un poco bajo de ánimo, cuando hay algo que haya sucedido cerca de mí que me haya afectado.

Entonces es cuando tengo necesidad de contar lo que siento. Cuando paso algún momento feliz no se me ocurre escribir nada, ni agarrar la guitarra, ni hacer nada más. Ahí estoy, intentando vivir ese momento feliz lo mejor que puedo.

De modo que estos momentos históricos son casi una condición obligada para manifestar nuestras opiniones, nuestras reflexiones sobre todo lo que está ocurriendo. Y manifestar que no estamos en absoluto de acuerdo con este mundo que nos están construyendo.

 

Precisamente hoy que estamos realizando esta entrevista, se cumplen 45 años de la masacre de estudiantes en Tlatelolco. Y no pude evitar que me viniera a la mente tu canción “Aleluya”, que es de esa época…

Sí, bueno, ese Aleluya es entre comillas, no es un Aleluya cantando al creador, sino más bien como contraste, ésa fue la intención. Y lamentablemente sí, hay muchas canciones mías que hacen referencia a situaciones parecidas que están en plena vigencia.

Genocidios de ese tipo vemos todos los días. Y lo peor es la insensibilidad de la gente en relación con ese tipo de barbaridades. Nos estamos acostumbrando ya a que eso forma parte de la normalidad. Y eso es muy grave.

Algo que hay que buscar cambiar, aunque sea cantándole…

Por lo menos decir “esta boca es mía”, o “no me gusta”. No voy a arreglar el mundo, pero me sentiría muy mal si por lo menos no manifestara esa desafección y esa rabia contra esta situación.

Encontrar una manera de sobrevivir

Hace algunos años que platicamos, decías que el arte es la locura que todo lo cura…

El arte, la cultura en términos generales, es aquello que nos remite a nuestra condición de seres humanos. Si un ser humano no siente curiosidad por cuál puede ser el sentido de la vida, cuál es su función aquí, de uno mismo entre los demás, de qué trata un poco todo esto, si no hay curiosidad por conocer y aproximarse un poco a estas incógnitas, yo creo que somos zombies.

La cultura lo que hace es ayudar a ser más sensibles, a ser un poco más inteligentes, a ser más curiosos de la realidad que vivimos o que padecemos. Y lamentablemente estamos yendo a un mundo donde la cultura se desprecia, está comenzando a ser un elemento absolutamente paria.

Me da mucho miedo, porque eso nos va a conducir a un mundo muy feo. Feo en todos los aspectos.

Los jóvenes de tu generación tenían un asidero, una utopía a la cual aspirar, el socialismo que en aquel entonces se veía como una buena idea, al menos en teoría. En estos tiempos, que estamos tan desprovistos de utopías en las cuales creer, ¿de qué nos podemos agarrar?

Bueno, el fracaso del socialismo fue el fracaso de una manera de entender el socialismo. Hay muchas maneras de ponerlo en práctica. Cayó el bloque soviético y cayeron muchas utopías, entre comillas, en ese sentido. Pero ahora estamos viendo que el capitalismo está también en una situación de crisis, que de alguna forma está cumpliendo con una reflexión de Marx, que decía algo así como que el capitalismo comenzaría a derrumbarse en el momento en el que entrara en conflicto con sus propios intereses. Es lo que estamos viendo ahora.

En Estados Unidos hay un conflicto entre unos radicales republicanos que han paralizado al país en conflicto con ellos mismos. Son síntomas de que el capitalismo está empezando una crisis muy profunda.

En el mundo somos mucha gente. Habrá que poner en práctica un sistema político que intente la convivencia de todos. No puede ser excluyente, como es ahora, que es el poder de las mafias, de los terroristas financieros, lo que gobierna al mundo. La política prácticamente no tiene función ninguna, los políticos están a las órdenes de estos grupos.

Eso no puede seguir así, eso no crea un sistema de convivencia. Eso es un volver al feudalismo. Estamos viviendo momentos, yo creo, de neofeudalismo. Y eso no es “sostenible”, como suelen decir con su palabra de moda. Las cosas son “sostenibles” o no, según ellos.

¿Necesitamos una nueva utopía?

Las utopías no existen. Pero sí existe la necesidad de alcanzar esa utopía. Yo creo que sí, que estamos absolutamente abocados a intentar encontrar una manera de sobrevivir, entendiéndonos los unos a los otros, valorándonos, respetándonos y construyendo una forma de convivir que tenga que ver algo con el sentido de la vida.

“México es un país que necesito”

Presentas una nueva obra, háblanos un poco de la misma…

Es un nuevo disco que se llama “El niño que miraba al mar”, son canciones nuevas. Y también una película, un cortometraje que va junto al disco, que se llama “El niño y el basilisco”. La película tiene relación con dos canciones del disco.

Como fue “Un perro llamado dolor”, es una película de animación. Yo digo que es cine en animación, no película de animación. Son dibujos míos, hechos cada uno por mi mano y con una animación muy rústica. La película se proyecta antes del concierto. Y espero que reciban bien a este niño.

Son unas canciones como yo sé hacerlas. Me gustaría conocer otras maneras y meterme en otros terrenos. Pero el mío lo estoy empezando a conocer ahora, después de tantos años, de modo que no me voy a arriesgar a meterme en otras experiencias.

Y sin embargo, has hecho canciones que salen un poco de tu estilo, como “Naves quemadas”, que es un blues…

Bueno, siempre, en todos mis discos, ha habido alguna deriva en ese sentido, de salirme un poco de mi terreno. Pero son leves coqueteos, que realmente los hago porque la propia canción lo pide, exige una manera musical adecuada.

México es un país que siempre te ha acogido con un enorme cariño. Se podría decir que México te quiere con alevosía…

Qué bonito eso. Muchas gracias. Estoy empezando a sentir a México un poco como mi segunda casa, porque vengo con bastante frecuencia, felizmente. Y me siento muy cómodo porque aquí siento energía.

Es un país complicado, con muchos problemas, como toda América Latina. Pero hay en este continente, y probablemente México sea en donde más se sienta, esa energía. Cuando vengo aquí, que tengo las baterías descargadas, aquí me cargo de energía y me vienen cantidad de ideas que comienzo a anotar para desarrollar después. México es un país que necesito. No sé si ustedes me necesiten a mí. Pero yo los necesito a ustedes. Y espero que me quieran un poco.

Autor

Scroll al inicio