En el México profundo de la primera mitad del siglo XX, las “plañideras” eran figura insustituible en todo sepelio respetable.
Hoy, a propósito de la llamada “tragedia” por el triunfo de Trump en las presidenciales de Estados Unidos, asistimos a la version moderna —con toque digital— de las plañideras de hace seis o siete décadas.
Y es que echar un vistazo a los medios mexicanos de hoy —prensa, radio, television e internet— es asistir a un sepelio de pueblo; lloriqueos, quejas, llanto exagerado, historias fantasiosas y cuentos de fantasmas que amenazan el futuro de los mortales.
Lo curioso es que las plañideras de “la tragedia Trump”, son los mismos que tomaron “a chunga” cuando Trump sorprendió al mundo con el anuncio de que buscaría la candidatura presidencial de Estados Unidos.
Los mismos que motejaron a Trump porque “está loco”, porque “es un demente” y porque su candidatura “era un juego”… nadie lo tomó en serio.
Luego, cuando Trump utilizó a México, a los migrantes, al muro, el TLC y cuando insultó a los “criminales, violadores y delincuentes” migrantes latinos, los “sesudos” analistas mexicanos se encargaron de desacreditar los despropósitos de Trump.
Más tarde, el pánico y la esquizofrenia se apoderaron de la prensa mexicana y de opinantes y “expertos”, quienes vaticinaron lo más parecido al fin del mundo, si es que Trump llegaba a la Casa Blanca.
Sin embargo, en un milagro colectivo, vino el autoengaño de que era imposible la victoria de Trump. El destino no podía jugar esa mala pasada a los mexicanos. Y abundaron la “certeza” y la “convicción” de que Hillary ganaría.
Sin embargo, la madrugada del 9 de noviembre vino el desencanto, el pasmo, el shock y medio mundo —en forma literal— se paralizó. ¡Ganó