
Una tentación para el espíritu
Tenía 20 años cuando me enamoré por primera vez, al descubrir a María Herminia. Fue a mediados de noviembre de 1927, un día temprano, estaba sentado a la mesa bebiendo Kola Cardinette y hojeando Jueves de Excélsior. Aún faltaba un rato para iniciar el trabajo cuando leí: “Confidencias e indiscreciones” que, sobre ella, anunciaba una entrevista. Como ocurre con








