
Entre el sexo oral y una lata de atún
Despertó asustado, como siempre lo hacía después de que había bebido en exceso. Miró el techo amarillento y un viejo ventilador con aspas de madera que revolvía el bochornoso calor de ese pequeño cuarto. “¿Dónde es esto?”, se preguntó al tiempo que se abría una puerta de plástico azul y una hermosa morena le decía, jubilosa, mientras terminaba de








