Mañana 7 de enero se cumple un año del atentado contre Charlie Hebdo, ataque que además de causar conmoción por todo el mundo, abrió un debate sobre los límites y alcances de la libertad de expresión.
La edición de aniversario de la revista satírica entró rápidamente en polémica, como sus números anteriores, pues tan sólo la portada está ilustrada por un dios manchado de sangre con rifle en mano, acompañado de la leyenda: “Un año después, el asesino sigue suelto”, frase que hace referencia sobre cómo el fanatismo religioso es capaz de llevar a cualquier persona a cometer asesinatos, según lo expone el propio director del semanario Laurent Sourisseau, “Riss”, en el editorial.
Sus 35 páginas incluyen ilustraciones de cinco de los caricaturistas que fueron asesinados: “Cabu”, “Charb”, “Tignous”, Wolinski y Honoré. Sin embargo resalta la crónica que los dibujantes y periodistas sobrevivientes publican sobre cómo ocurrieron los hechos de ese 7 de enero de 2015.

De acuerdo con el reporte de la agencia EFE, Fabrice Nicolino, uno de los sobrevivientes, relata el atentado -llevado a cabo por los hermanos Said y Cherif Kouachi- con un tono entre desenfadado, humorístico, emocionado y con rabia.
“Es abominablemente triste y en parte tan divertido que no sabemos por qué lloramos”, ironiza en su artículo ilustrado con un dibujo en el que aparece el exdirector de la publicación, Stéphane Charbonier, “Charb” -uno de los fallecidos-, en una mesa con todos sus compañeros a los que dice: “Les digo de verdad: vamos a seguir divirtiéndonos juntos mucho tiempo”.
Cuanta que la mañana de la masacre, la redacción se había enfrascado (irónicamente) en una discusión sobre por qué “los jóvenes franceses eligen la yihad (guerra santa), con dos opiniones opuestas y “virulentas”.
Unos -recuerda Nicolino- responsabilizaban a la sociedad francesa de haber creado esos jóvenes integristas, mientras otros hacían notar que se han gastado miles de millones de euros en los barrios conflictivos de donde proceden la mayor parte de esos radicales, sin resultados.
La reunión, no obstante, quedó interrumpida cuando los hermanos Kouachi, encapuchados y armados con armas largas, entraron a la sala de juntas luego de haber matado a un empleado de mantenimiento y tomado como rehén a una de las dibujantes, Coco, para que los trasladara hasta la redacción.
Coco explica que subió hasta el segundo piso y allí “paralizada”, “con sus kalashnikov en la espalda, (marcó) el código (de la puerta) como una autómata” y los terroristas empezaron a disparar.

Sigolène, otra de las supervivientes presente en la redacción, recuerda que cuando tuvieron delante a los hermanos Kouachi, los que estaban en torno a la mesa se miraron: “me crucé con la mirada de 'Charb' y creo que había entendido” lo que pasaba.
Luz, otro de los dibujantes, relata que había llegado tarde a la revista porque ese día era su cumpleaños y “lo había celebrado en la cama con mi mujer, dos galletas y una vela. Para (excusarse por (su) retraso, había comprado una rosca de reyes” y cuando se acercaba al edificio le advirtieron de que no entrara porque había una toma de rehenes.
Minutos después vio salir a los dos terroristas: “los vi caminar hacia atrás, con pasos de bailarín, como en una especie de coreografía. Estaba de piedra, concentrado en lo absurdo de la dimensión gráfica que veía”.
Cuando ingresó, un policía le dijo que no fuera a la sala de redacción para no quedarse con la imagen de la carnicería, y desde donde estaba -escribe- “no vi más que sus culos. El culo de mis amigos muertos”.
La edición 1224 del semanario satírico ya salió a la venta con un millón de ejemplares.
ahea

