1. Oscar Wilde: acabó dependiendo de la caridad de amigos
Cultivador de un dandismo exquisito, coleccionista de arte, juerguista empedernido y amante de la buena gastronomía, Oscar Wilde (Dublín, Irlanda, 1854- París, Francia, 1900) nació en el seno de una familia con dinero, llegó a ser muy rico gracias a su trabajo y relaciones sentimentales, derrochó a conciencia casi todo lo que había ganado y murió en París completamente arruinado. En sus últimos días, dependía de la caridad de amigos y conocidos a los que abordaba en tabernas y cafetines para pedirles unos francos. Al médico que le atendió en su lecho de muerte le confesó que no podía pagarle por sus servicios: “Ya ve usted, doctor, voy a morir como he vivido, muy por encima de mis posibilidades”. En su descargo hay que decir que a Wilde no solo le arruinaron sus hábitos de vividor y su mala cabeza, el escándalo homófobo en que se vio envuelto al hacerse pública su relación con el joven aristócrata lord Alfred Douglas tuvo también mucho que ver con sus problemas financieros. En la imagen, Oscar Wilde en 1889.
2. Judy Garland: el desahucio de una estrella
“Mis padres me inculcaron la cultura del esfuerzo y del ahorro”, le contaba Judy Garland (Minnesota, EE UU, 1922- Londres, Reino Unido, 1969) a la revisa ‘Variety’ en 1939, pocas semanas antes del estreno del que sería su gran éxito cinematográfico, la legendaria ‘El mago de Oz’. La afirmación era falsa, como gran parte de lo que la actriz de Minnesota, gran seductora y farsante vocacional, según reconocía ella misma, le contaría a la prensa en años posteriores. La verdad es que Judy (su verdadero nombre era Frances Ethel Grumm) en absoluto creía en las virtudes del ahorro. Resultó ser una mujer de gustos caros y con un instinto natural para el derroche. Con 17 años era ya una de las actrices más ricas de Estados Unidos, pero apenas rebasados los 40 acumulaba deudas millonarios que la condujeron al desahucio y la obligaron a embarcarse en una gira alimenticia por teatros de Europa con su por entonces adolescente hija, Liza Minnelli. Según sus allegados, solo un oportuno matrimonio con el empresario de New Jersey Mickey Deans impidió que la diva acabase en la miseria en sus últimos años, marcados por los problemas financieros y la adicción a los barbitúricos. En la imagen, Judy Garland en 1950.
3. Whitney Houston
Cuando Whitney Houston (Nueva Jersey, 1963- Los Ángeles, 2012) fue encontrada muerta en la bañera de su hotel de Los Ángeles, en febrero de 2012, tenía telarañas en su cuenta corriente y deudas por un importe algo superior a los cuatro millones de dólares (3,3 de euros). En apenas una década, la cantante había dilapidado una fortuna personal de alrededor de cien millones. Según el cronista de sociedad neoyorquino Michael Lavelette, “su estilo de vida extravagante, sus múltiples adicciones (al alcohol, a los calmantes, a la cocaína…) y su divorcio de Bobby Brown la llevaron a la ruina”. Su último millón se lo gastó “en un delirante periplo de varios meses por hoteles de lujo de Sídney, París y Londres en el que no reparó en gastos, a pesar de las advertencias de sus asesores financieros”. Según publicó Fox News, pocas horas antes de morir, Houston había llamado a una amiga para pedirle que le prestase 100 dólares que, presumiblemente, pensaba gastarse en crack, la última droga a la que se había hecho adicta. En la imagen, Whitney Houston en el escenario de los World Music Awards de 2004 en Las Vegas.
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