La tecnología nos hace la vida más fácil… ¿o no?
Es cierto que nos ha facilitado enormemente las comunicaciones, nos permite saber en segundos lo que está pasando en cualquier parte del mundo, comprar sin movernos del sofá… La lista es interminable. Por eso es tan difícil resistirse a sus encantos.
Pero hay excepciones.
En BBC Mundo hacemos un repaso a algunas situaciones cotidianas en las que la tecnología, más que facilitarnos la vida, nos la puede complicar. Y hasta terminar causándonos un enorme dolor de cabeza.
1. Lavarnos las manos
Sí. Lavarnos las manos. Parece sencillo, ¿verdad? Bueno. Y lo era. Hasta que llegaron los lavamanos “inteligentes”.
Desde entonces, todo es mucho más higiénico…. y complejo.
Higiénico porque gracias a ellos no tenemos ni que tocar el grifo: basta con poner las manos bajo el caño de salida de agua para que el líquido transparente brote “mágicamente” hacia nosotros, evitando que entremos en contacto con millones de bacterias (sobre todo, si el grifo es público).
La parte complicada es que los sensores no siempre funcionan correctamente. O no están colocados en la zona más obvia. Y uno termina moviendo las manos de un lado a otro del lavabo de forma histérica hasta que, justo en el último momento de desesperación, el agua cae.
Y mejor que cuando lo haga te des prisa, porque a veces apenas dura unos segundos… y vuelta a empezar.
O el agua siempre está caliente.
2. Abrir las puertas de los hoteles
¿Quién inventó las cerraduras electrónicas de los hoteles? Si nunca te topaste con una, considérate afortunado.
Las llaves y las cerraduras tienen más de 4.000 años de antigüedad, y han evolucionado a lo largo del tiempo. Pero gracias a las nuevas tecnologías, todo parece indicar que han comenzado a involucionar.
Y es que las puertas automáticas de algunos hoteles y apartamentos turísticos son una auténtica prueba de paciencia para muchos.
Algunas funcionan con código numérico, otras con tarjetas de proximidad, llaves electrónicas, huella dactilar, app con bluetooth e incluso mando a distancia.
El problema es que las bandas magnéticas se descargan fácilmente al estar en contacto con el teléfono móvil y dejan de funcionar, así que uno tiene que ir a recepción a pedir otra… y vuelta a empezar.
Tal vez son más seguras que las tradicionales -al menos, eso dicen los especialistas- pero pocas veces son tan efectivas como una simple (y, para muchos, humilde) llave. ¿Por qué cambiar algo que funciona?
Más información: https://bbc.in/2KyNLuh

