La marcha de Iker Casillas del Real Madrid es un desgarramiento muy doloroso para la mayoría de los hinchas de ese club y muchísimos otros aficionados que admiran al mejor portero español de las últimas dos décadas.
La niebla de las últimas negociaciones, de la emocionante (o desagradable, si usted quiere) despedida solitaria y lacrimosa de Casillas en sala de prensa, y del homenaje público organizado posteriormente por el club, no impide vislumbrar la tensión entre el portero y la directiva, en particular el presidente.
En sus declaraciones a los periodistas, el lunes, Florentino Pérez insistió enfáticamente en que Casillas se iba porque quería, ya que el club quiso retenerlo. Agregó que “Iker quiso una despedida simple y austera”, y que “estamos trabajando para hacerle un partido homenaje”.
Estas declaraciones no disipan la impresión de una marcha no querida por el jugador, quien habló brevemente y de manera muy escueta.
“A los que hemos tenido alguna discrepancia, lo siento de verdad. Me quedo con lo bueno y con los mejores momentos y con los títulos ganados”, reconoció.
