En el Festival Internacional de la Publicidad celebrado recientemente en Cannes se ha visto con preocupación toda una serie de cambios que van a suponer una mutación prácticamente total del sector. Habrá que asumir que el periodismo, particularmente los contenidos de calidad y el periodismo de investigación, van a dejar de ser paulatinamente financiados por la publicidad, como ha venido siendo a lo largo de los últimos 150 años.
Por un lado, el duopolio hegemónico de Facebook y Google es aplastante: entre los dos representaron el 75% de todos los gastos de publicidad en línea el año pasado, según el informe de Tendencias de Internet publicado por Mary Meeker. En EEUU la tendencia es aún más fuerte: 85 centavos de cada dólar gastado en publicidad digital se fue a las dos empresas mencionadas en el primer trimestre de este año. Los directivos de prensa están empezando a reaccionar creando organismos únicos que aglutinen la venta de anuncios. Hay negociaciones en este sentido en el Reino Unido y también ha habido discusiones similares en Cannes para crear otro organismo que aglutine también la publicidad en televisión.
La tecnología está proporcionando un punto de inflexión que nos permite fácilmente librarnos de la publicidad repetitiva e invasiva, que hemos soportado estoicamente como un mal menor. Una significativa encuesta llevada a cabo por Netflix ha dado un resultado muy destacado por los expertos: el 90% de los clientes de Netflix declaran que están dispuestos a pagar algo más por el servicio y no tener que visionar la publicidad.

