Llega el final de este año olvidable y he vuelto a aprovechar la generosidad de unos cuantos compañeros de viaje para elegir los mejores libros del género. No tiene esta clasificación nada de científica, ni de democrática. Solo diré que quienes participan, mil gracias a todos, son lectores más que fiables y que lo que sale es una lista notable. Se quedan fuera buenas novelas, qué duda cabe, y a mí mismo me ha costado elegir incluso después de hacer una pequeña trampa. También es verdad que entran dos libros de no ficción, muestra de la pujanza de ese género en España (por fin) y de la capacidad de algunos autores para construir historias que parecen novelas aunque estén ancladas en la peor de las realidades. Bueno, pasen, lean y vayan a su librería.
PERE SUREDA (Editor. Fundador de Navona)
No digas nada, Patrick Radden Keefe (Reservoir Books, traducción de Ariel Fonft). No he tenido que pensar mucho. Es una novela de no ficción, un ensayo que se lee como una novela de suspense, y que si fuera no real sería muy verosímil. Creo que es más difícil desde el ensayo hacer verosímiles los hechos. Desde la ficción se manejan mejor los hilos de la trama. Hay más libertad. Me estoy refiriendo a No digas nada, un libro que me recordó A sangre fría, de Capote, por la lenta pero inexorable sucesión de hechos que desembocan en una tragedia entre tribus. Poco más puedo decir de una obra que John Banville ya calificó como: “Una tenebrosa obra maestra”.
MARTA MARNE (Crítica de El Periódico)
La vida verdadera, Adeline Dieudonné (Salamandra traducción de Pablo Martín Sánchez) . Hay novelas que te seducen por su sinopsis, por su portada o porque conoces al autor. Y hay otras, como esta que te atrapan por su comienzo. “En casa había cuatro habitaciones. La mía, la de mi hermano pequeño Giles, la de mis padres y la de los cadáveres.” La escritora belga construye un universo a medio camino entre el apego a la infancia y el inicio de la madurez. Y lo consigue gracias a la imaginación desbordante de su protagonista; una niña con talento natural para las matemáticas y la física que dedicará todos sus esfuerzos en un proyecto vital que busca salvar a su hermano de un severo trauma. Y, de paso, que consiga sacarla del agujero inmundo donde vive. Una novela que combina a partes iguales crueldad, maltrato, dolor y esperanza.
ÁNGEL DE LA CALLE (Director de la Semana Negra de Gijón)
Catedrales, Claudia Piñeiro (Alfaguara) Tan bien escrita como intrigante, con el juego literario, rashomónico, como estructura, con personajes bien reales y alguno difícil de olvidar como la desmemoriada Marcela Funes (ya les dije de los juegos literarios de esta novela). Paseo por el amor, el desamor y los fanatismos, que cuando no mueren matan. No solo es una novela apasionante, era, es necesaria. Pura novela negra del siglo de todas las pandemias. (NOTA: El libro no se edita en España hasta 2021, pero vivimos en un mundo global).
ANA BALLABRIGA (Escritora)
La noche de plata, Elia Barceló (Roca). La investigación de unos huesos de niños encontrados en el jardín de una vivienda en Viena, la tasación de una importante biblioteca privada y la desaparición de una niña en un mercadito navideño tiempo atrás son los ingredientes con los que arranca la última novela de Elia Barceló, una autora que se siente cómoda explorando el lado oscuro del ser humano. La protagonista, Carola Rey Rojo, es una policía española a punto de jubilarse, una mujer fuerte pero traumatizada. Mientras la investigación avanza, recorremos la Viena actual a través de cafés y rincones emblemáticos, probamos los platos típicos y nos deslizamos por lugares menos habituales y más truculentos. No es una novela vertiginosa y la investigación no es el eje vertebrador. Lo que hace especial La noche de plata es el misterio que envuelve a los personajes, los diálogos ágiles y punzantes, y la atmósfera opresiva y vibrante. Una novela deudora de los clásicos de suspense.
LETRAS CORSARIAS (Librería de Salamanca)
Pánico al amanecer, Kenneth Cook, (Sajalín, traducción de Pedro Donoso). Una de esas novelas sin detectives, de las que buscan la negrura misma en el alma del personaje. Oeste australiano. Un maestro rural coge sus vacaciones y hace escala en Bundayabba, pueblo minero: “Ese pueblo no era más que una versión a gran escala de Tiboonda. Y Tiboonda no era otra cosa que una versión del infierno”. Polvo, calor asfixiante, juego, litros de cerveza, escopetas de caza… un ambiente poco aconsejable para una personalidad como la de John Grant, un individuo que hace cosas sin saber por qué las hace, marcado por un desprecio hacia todo lo que le rodea y hacia sí mismo. Si te gustan las novelas negras fuera del molde, la amenaza y la presencia oscura de algo terrible y velado –como en Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian–, te va a gustar esta. Un 1280 almas, de Jim Thompson, pero en Australia, sin sheriff y con menos muertos.
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