Recomendamos: La novela ‘María’, de Jorge Isaacs, 150 años del clásico del Romanticismo hispanoamericano

María, del colombiano Jorge Isaacs (1837-1895), es la más importante obra del Romanticismo hispanoamericano. Intimista y sentimental, Paul Groussac, el crítico franco-argentino, maestro de Borges, la denominó “poema de América”. El relato explora el mundo interior propio y evoca las emociones del primer amor en una cálida atmósfera familiar y mítica. El personaje María responde al modelo de mujeres románticas: sentimentales, lejanas y etéreas. El relato prioriza la relación del narrador con la naturaleza embriagadora. Pero la ensoñación del enamorado se nubla de sombras cuando un presentimiento asalta su corazón: la muerte de la mujer amada que se cierne como una amenaza constante. Las lágrimas derramadas, tras la lectura de esta novela, hicieron merecedor al autor del título de Caballero de las lágrimas, con que lo designaría uno de sus biógrafos.

Ningún crítico discutiría el lugar preferente de María en nuestro canon literario, no sólo por la consagración de los lectores y las numerosas ediciones que tuvo en el mundo hispánico, sino por su calidad literaria. Leída hoy, 150 años después de la primera edición, nos reconcilia con el pasado tumultuoso de nuestro país, Colombia, desgarrado por la violencia política y las guerras civiles. Sin embargo, hay quien cuestiona que esta novela se imponga como lectura obligatoria en los planes de estudio a una juventud ajena a su estética. ¿Pero quién se atreve a negar la universalidad del sentimiento que despierta en el adolescente el primer amor? Naturalmente, la novela es mucho más que el relato amoroso, que surge en un paisaje embriagador y de inquietante sensualidad.

Publicada en 1867, María empezó a escribirse en 1864, cuando Jorge Isaacs se desempeñaba como subinspector de la construcción de un camino de herradura entre Cali (capital del Valle del Cauca) y Buenaventura, puerto de Colombia en el Pacífico. La zona, aún hoy de difícil acceso, presenta un clima lluvioso hostil, atravesado por ríos caudalosos, pantanos, serpientes venenosas y abismos desafiantes. Pese a los rigores de este clima, se impone en el relato la belleza salvaje y sensual del paisaje, como puede apreciarse en este fragmento lleno de términos ligados a la flora americana.

De allí en adelante las selvas de las riberas fueron ganando en majestad y galanura: los grupos de palmeras se hicieron más frecuentes: veíanse la pambil de recta columna manchada de púrpura, la mil pesos frondosa brindando en sus raíces el delicioso fruto, la chontadura y la gualte distinguiéndose entre todas las naidí de flexible tallo e inquieto plumaje por un no sé qué de coqueto virginal que recuerda talles seductores y esquivos.

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