El Rock and Roll ha sido visto como algo contestatario y, comúnmente, contrario a lo establecido, sobre todo en lo que a la estética y a la forma de vida se refiere. El cliché, retroalimentado por los hijos del Rock and Roll, no es más que un disfraz que oculta una maquinaria que mueve ingentes cantidades de dinero. Gene Simmons, de Kiss, es el ejemplo más certero.
De Kiss se ha vendido absolutamente todo, más allá de las camisetas, chapas y demás memorabilia estándar: coches, peluches de Hello Kitty, ataúdes, viajes en crucero, cervezas, lenguas de goma, campos de mini-golf, cafeterías, preservativos, un equipo de fútbol americano, cuchillos, tarjetas de crédito, patitos de goma… Así, hasta un sinfín de productos (más de cinco mil) con la iconografía de la banda de Rock.“Todas las bandas venden camisetas y venden mercancía, pero no lo hacen tan bien como nosotros”, comentaba Simmons. ¡Toda una industria que bebe del show business del Rock and Roll!
Lo más curioso del asunto, teniendo en cuenta lo contrario que es la actitud del Rock –en teoría, por supuesto- a todo lo que huela a dinero, es que los seguidores de Kiss no ponen el grito en el cielo si Gene Simmons presenta una nueva línea de papel higiénico. Incluso, los más pudientes y aventurados miembros de la Kiss Army (así se llama el club oficial de fans) harán todo lo posible por hacerse con ese papel higiénico. “¿¿Pero quién va a comprar eso??”, se preguntaba la gente en Twitter al conocer la noticia.
