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Don Hilarino es la única persona que tiene teléfono móvil en Chontecomatlán, un pueblo de 400 habitantes. Se empeñó en comprarlo. No puede hablar con nadie, porque la cobertura no llega a este rincón de la sierra, pero él habla y habla sin parar con el teléfono en la mano.

Don Hilarino apunta a un árbol con la pantalla, se pone a grabar y dice:

-Ijltaa a ek guishanajl.

(Esto es un árbol de aguacate).

Apunta a una casa y dice:

-Ijltaa ley nejujlk.

(Ésta es mi casa).

Sigue caminando, sigue apuntando, sigue diciendo:

– Ijltaa lane ajlbae jlijuala gahi.

(Este camino lleva al siguiente pueblo).

Don Hilarino Torres Mendoza -campesino de 56 años, sombrero de paja, barba mechada de canas- graba frases en chontal de Oaxaca. Es una de las 68 lenguas -con sus 364 variantes dialectales- que todavía se hablan en México. Todavía: porque 187 de esas variantes están en riesgo medio, alto o muy alto de desaparición, según los datos del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI). El chontal que habla don Hilarino es uno de los idiomas que ya parecen condenados. Sólo quedan unos 3.500 hablantes, que usan tres dialectos distintos, viven desperdigados por las sierras y tienen en su mayoría más de 50 años.

Don Hilarino está allá, en medio del oleaje de cordilleras verdes y nubosas, y no para de levantar su teléfono y de grabar frases en chontal.

-Este hombre es asombroso -dice Salvador Galindo-. Nosotros llegamos acá para recoger testimonios en chontal y para proponerles un método de revitalización del idioma. En algunas comunidades nos reciben con un poco de desconfianza. Pero en Chontecomatlán enseguida se nos acercó don Hilarino, nos dijo que estaba muy contento por nuestra visita y nos enseñó un montón de vídeos.

Más información en: http://bit.ly/2vsU2Am

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