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Dos hombres se reencuentran tras varios años separados. Judá Ben-Hur y Messala no pueden contener su alegría: se agarran el brazo, se miran fijamente y de arriba abajo con media sonrisa, se rozan las manos al compartir una copa y no pueden evitar reír con nerviosismo. "Después de tantos años, todavía cerca", "sí, en todos los sentidos", "te dije que volvería", "no creí que lo hicieras, estoy tan feliz"…


Son frases que pueden interpretarse como declaraciones de amor. La escena culmina con Ben-Hur y Messala sorbiendo vino de sus cálices con los brazos entrelazados y mirándose intensamente. Según el guionista de la más grande película de romanos jamás filmada, Ben-Hur (William Wyler, 1959), los dos hombres habían sido amantes. Charlton Heston, que interpretó a Judá Ben-Hur, tuvo una reacción furibunda cuando le hablaron de las connotaciones homoeróticas. Todavía hoy, 58 años después del estreno de la película, la interpretaciones son apasionadas y dispares.


En 1995, el escritor y guionista Gore Vidal contó, en el documental sobre la presencia LGTB en el cine El celuloide oculto, que escribió la película con la deliberada intención de dar a entender (para quien quisiera entenderlo) que la rivalidad entre Messala y Ben-Hur nacía en realidad de una pasión de juventud. "Tenías que ser muy bueno a la hora de proyectar subtextos sin decir una palabra sobre ellos", recuerda Vidal en el documental. "El único modo de justificar varias horas de odio entre dos muchachos [Ben-Hur dura cuatro horas] era establecer, sin decirlo con palabras, una relación íntima entre ellos cuando eran niños. Y, luego, cuando Messala quiere continuar donde lo habían dejado, Ben-Hur le rechaza".


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