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A pesar de ideas de creación liberadoras como la de El libro de los pasajes de Walter Benjamin, la literatura ha seguido mostrando y fomentando desde hace más de 3 siglos una visión pacata y conservadora respecto de su libre uso y distribución, como describe claramente en su ensayo “Copyright y maremoto” Wu Ming 1 (seudónimo de Roberto Bui) que aparece en el libro Contra el Copyright editado por editorial Tumbona:  


Es lo que el poder económico llama “piratería”. Es el movimiento real que suprime el estado actual de las cosas. Desde que se impuso —no hace más de 3 siglos— la creencia en la propiedad intelectual, los movimientos underground y alternativos, así como las vanguardias más radicales, la han criticado en nombre del “plagio” creativo, de la estética del cut-up y del sampling, de la filosofía do it yourself. Un vistazo retrospectivo nos llevaría del hip hop al punk al protosurrealista Conde de Lautréamont (“El plagio es necesario. El progreso lo implica. Retoma la frase de un autor, se vale de sus expresiones, cancela una idea falsa y la sustituye por la idea correcta”). En nuestros días esta vanguardia es de masas. Durante decenas de miles de años las civilizaciones humanas han prescindido del copyright, del mismo modo que han prescindido de otros axiomas falsos semejantes, como la “centralidad del mercado” o el “crecimiento ilimitado”. Si hubiera existido la propiedad intelectual, la humanidad no habría conocido La epopeya de Gilgamesh, el Mahabharata y el Ramayana, la Ilíada y la Odisea, elPopol Vuh, la Biblia y el Corán, las leyendas del Santo Grial y del ciclo artúrico, el Orlando enamorado y el Orlando furioso, Gargantúa y Pantagruel, todos frutos felices de un amplio proceso de mezcla y combinación, reescritura y transformación, es decir, de lo que se denomina plagio, casi siempre unido a la libre difusión y a presentaciones en vivo (sin la interferencia de los inspectores tributarios).


Un claro ejemplo de esta achatada visión sobre el uso libre de la literatura es el famoso escándalo protagonizado hace poco por la custodia de los derechos (que no de la ideología) de la obra de Borges, María Kodama, quien hiciera famosa la obra “El Aleph engordado” de Pablo Katchadjian al acusarlo de plagio.


Pero por otro lado, afortunadamente, están los que luchan en pos del copyleft y todo lo que esta ideología representa, distribuyendo y fomentando el uso y reproducción libre de material de arte (benditos).


La idea de que el arte es para unos cuantos no va a cambiar hasta que no comprendamos que las ideas no nos pertenecen, que ya todo (incluso esta frase) está dicho muchas veces, de muchas formas distintas y no, y aún así, esas ideas nos siguen diciendo cosas sobre nosotros mismos.


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