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"Todos los medios de comunicación respetarán la igualdad entre mujeres y hombres, evitando cualquier forma de discriminación". Así lo recoge el artículo 39 sobre la igualdad en los medios de comunicación social de titularidad privada. Y blablabla blablabla… Hasta aquí todo bien, ¿no? Pues no. No te levantes y aplaudas todavía. Lo que acabas de leer no vale para nada porque, sencillamente, no suele llevarse a la práctica, al menos no cuando hablamos de… publicidad.


En pleno siglo XXI… ¿realmente somos todos iguales? ¿valemos para lo mismo? La respuesta es no, y más en algunos ámbitos como el que abordamos en este artículo.


La publicidad es sexista desde que es publicidad. Esto es así: juega con el sexo y a veces usa estereotipos que rozan lo absurdo. En publicidad, a menudo se sobrepasan de largo también los límites de la ética y el buen gusto para llamar la atención. La publicidad se divierte (¿y tú también?) con el machismo que has aprendido a digerir sin problema alguno, aunque seas 'intolerante a la lactosa'. Pero ahí están esos anuncios, ahí han estado siempre y… ¿seguirán estando?


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