Todo parece indicar que se destrabó el enorme nudo que tenía sometidos los resultados en la noche del 1º de julio. El que no se diera a conocer ese mismo día ningún tipo de resultados es un asunto de gran riesgo, no sólo para la elección, sino también para la democracia mexicana y para el sentir y credibilidad de los siempre dudosos e incrédulos ciudadanos.
El que no haya resultados en lo inmediato puede provocar todo tipo de reacciones, dudas y especulaciones. Venimos de años de hartazgos electorales, hemos visto irregularidades hasta el cansancio, lo que ha creado una convicción de no dejarse, reclamar y protestar; estamos curados de espanto.
El lío entre el INE y el TEPJF no nos estaba llevando a ningún lado por más que se apelara, por parte del tribunal, a elementos legales y de procedimiento como base de su actuación. Cada quien caminaba con sus razones y sus muy particulares interpretaciones de la ley. Lo que acabó pasando es que el TEPJF al ser la última instancia decide qué sí y qué no.
Hace una semana nos referimos al enorme riesgo de que tardaran en darse a conocer las tendencias de la elección, lo llamamos las “horas difíciles” que podrían ser llenadas con cualquier tipo de manifestación.
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