Recomendamos: Si el PRI no recobra su sentido social, caminará a su extinción, por Antonio Ortigoza Vázquez

*  La crisis por la que atraviesa el antes partido oficial, lo enfrenta al amargodilema de su probable extinción si no trata de retornar a las raíces de su historia, retomando el sentido de las luchas sociales que abandonó al sersecuestrado por grupos minoritarios que ahora amenazan con darle el tirode gracia

Como se sabe, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue el gran derrotado en las elecciones de junio pasado. Y esa derrota lo ha llevado a un verdadero riesgo de extinción.

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Ese desenlace electoral tan dramáticamente desfavorable y el peligro de desaparición ha creado una verdadera crisis de identidad partidista y ha agudizado las inseguridades en sus cúpulas y bases.

Pero existe, una gama multicolor de percepciones con respecto a la magnitud del distanciamiento —o divorcio— del PRI con respecto al otro PRI que no fue partícipe de un acto de agandalle puro maquinado desde el CEN de ese partido.

¿Qué tan profunda es esa brecha?

Estamos de acuerdo en que existe un desapego del pueblo en lo ideológico y lo político. No hay duda de ello. De que esa realidad es ineludible parece ser la persuasión general.

Esa persuasión se advierte lo mismo en las élites de la cúpula que en la militancia llana y rasa, sea esta obrera o campesina o la englobada en el llamado sector popular.

En este sector —conformado por miembros de los estratos medios y superiores de la clase media— se han originado los presidentes de México desde Miguel Alemán a Enrique Peña Nieto, quienes fueron cincelados ideológica y políticamente por los valores de tales estratos y educados, muchos de ellos, en Estados Unidos, reorientaron el rumbo histórico del PRI.

Así, desde Alemán hasta Peña, esos mandatarios heredaron de sus antecesores revolucionarios la infalibilidad incuestionable, la disciplina y el culto a la personalidad. Heredaron también el poder metaconstitucional que le permitían ejercer un poder inigualable e incomparable en el mundo. Eran monarcas absolutos.

Pero hoy, en Hidalgo, los predecesores del actual gobernador actuaron en congruencia con las experiencias y vivencias formativas de su clase social, pues casi todos devenían de estratos bajos o proletarios.

Llevados a ese poder tan alto y tan enorme, dado a un gobernador de una entidad federativa de México fue, precisamente, para responder a retos del atraso histórico, estos hombres de la Nueva Clase no fallaron del todo.

La falla, la amarga derrota, consistió en que, salvo excepciones muy notorias, alguno “disidentes” perdieron de vista la meta de acentuar y extender el carácter social entre sus filas partidistas, se enfrascaron en una lucha intestina, la cual resultó un arrebato tan descarado, que la dirigencia nacional del PRI encendió una hoguera para arrojar a cualquiera que se opusiera a la coalición que se fraguo en lo “oscurito”.

Más información en: Expediente Ultra

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