Existe una cosa —no encuentro mejor descripción— que se llama Instituto Mexiquense de la Pirotecnia. Tiene cara de uno de esos inventos de los políticos que les sirven para tapar tragedias, hacer como que solucionan problemas y, eso sí, gastarse el dinero que no es suyo.
El 12 de diciembre de este año, un boletín oficial del Ayuntamiento de Tultepec, Estado de México, recogió las declaraciones del jefe del mentado Instituto Mexiquense de Pirotecnia (IMEPI):
“El tradicional tianguis de juguetería pirotécnica de San Pablito está considerado como el mercado de fuegos de artificios más seguro de Latinoamérica, de acuerdo con Juan Ignacio Rodarte Cordero, director general del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, “con puestos perfectamente diseñados y con los espacios suficientes para que no se dé una conflagración en cadena en caso de un chispazo””. Exactamente ocho días después de la tajante declaración, un chispazo en uno de esos “puestos perfectamente diseñados” generó una conflagración en cadena que redujo a cenizas y escombros tiznados el tradicional tianguis de juguetería pirotécnica de San Pablito, en Tultepec, y mató a más de treinta personas, entre vendedores y clientes.
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