Recomendamos: Amos Oz, por Gil Gamés

Gil bajaba la cortina de la semana y acusaba fatiga. A su alrededor no había persona que no tosiera, moqueara o tuviera la febrícula. Gamés caminó sobre la duela de cedro blanco del amplísimo estudio y recordó que cada vez que puede habla con insistencia monótona de la magnífica novela autobiográfica del escritor israelí Amos Oz, Una historia de amor y oscuridad. De esas páginas provienen estos pasajes que hablan de su precoz amor por la literatura y de las decisiones que debe tomar un escritor a la hora de escribir. ¿Listos?

***

Lo único abundante en casa eran los libros: había libros de pared a pared, en el pasillo, en la cocina, en la entrada, en los alféizares de las ventanas, en todas partes. Miles de libros en cada rincón de la casa. Se tenía la sensación de que si las personas iban y venían, nacían y morían, los libros eran inmortales. Cuando era pequeño, quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro: a las personas se las puede matar como a hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero a un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reykjavík, Valladolid o Vancouver.

***

¿Qué es autobiográfico y qué es ficticio en mis relatos?

Todo es autobiográfico: si alguna vez escribiera una historia de amor entre la Madre Teresa y Aba Eban, por supuesto sería autobiográfica, aunque no una confesión. Todas las historias que he escrito son autobiográficas, ninguna es una confesión. El mal lector siempre quiere saber, saber al instante “qué pasó realmente”. Cuál es la historia que está detrás del relato, qué pasa, quién está en contra de quién, quién cogió con quién realmente. “Profesor Nabokov”, preguntó una vez una entrevistadora en directo en la televisión americana, “díganos, por favor, are you really so hooked on little girls?”.

***

Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca: conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector.

***

Durante unos años me esforcé por liberarme de la sombra de Agnón [Shmuel Yosef Agnón, escritor israelí que recibió el Nobel en 1966], luché por alejar mis escritos de su influencia, de su lenguaje pleno, elegante, casero a veces, de su ritmo bien ponderado. Tenía que liberarme de la influencia de sus sátiras y su ironía, de su simbología recargada y barroca, de sus juegos laberínticos y enigmáticos, de sus dobles sentidos y de su insuperable sarcasmo literario.

Más información: http://bit.ly/2FjlcKj

Autor

Scroll al inicio