México transita por momentos difíciles e inciertos. Se han logrado muchas cosas positivas en el pasado lejano y reciente, pero hemos perdido algo fundamental, perspectiva y sentido de orgullo. En el balance objetivo de la situación nacional, la circunstancia de ahora es mejor, considerablemente mejor que hace 50, 30 o 20 años. Así es en lo cualitativo y cuantitativo. No aplica a todo, pero sí a mucho; sin embargo para construir futuro la mejor manera es tener claridad de lo bueno que hay que cuidar y preservar y, desde luego, lo que hay que corregir, cambiar o desplazar.
La desesperación por lo inmediato puede comprometer lo fundamental, más cuando 2018, cualquiera que sea su desenlace, significará un momento fundacional, así gane nuevamente el PRI, el PAN, Morena o cualquiera. Considero que el conjuro al salto al vacío es el debate, el escrutinio al poder y la rendición de cuentas, tareas que no corresponden propiamente a las instituciones públicas, sino a la sociedad. México acusa debilidad al respecto, como también el déficit de cultura ciudadana. Son muchas las razones, pero la democracia mexicana no solo no ha producido demócratas, sino un déficit de valores y cultura ciudadana, fundamento insustituible de la democracia liberal.
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