Qué forma de hacer largo el camino, todo sería más sencillo si se impone el de por sí ya impuesto método democrático “lo que diga mi dedito”. Tranquilos, no todo lo decidirá el consenso de ‘Liópez’; por su parte, Polevnsky informó que las listas de candidatos plurinominales se decidirán con el método de la tómbola.
Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil pensaba en el consenso, esa aprobación de algo o conformidad con algo de quienes constituyen una comunidad: consenso popular (así define esta palabra el Diccionario del Español de México publicado por el Colmex). Pues bien, Morena elegirá a sus candidatos por consenso para contender por los 3 mil 326 cargos de elección popular, incluida la Presidencia de la República.
En un momento democrático ejemplar, el Consejo Nacional del partido en pleno aprobó la propuesta de Andrés Manuel Liópez Obrador y convocó a una reunión en septiembre para revisar los avances de la construcción del consenso. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ¿cómo se construye un consenso? ¿Con los argumentos de la razón capaces de persuadir a quien no piensa igual? Comuníqueme con Martí Batres: ¿cómo va la construcción? Bien, Andrés, impresionante lo que hace la democracia, todos están de acuerdo, masivamente de acuerdo. ¿Qué bueno, para qué gastar en encuestas si todos podemos pensar igual? En ese momento, Gil abrió el baúl de los misterios y extrajo “al consenso”, que consiste en que una persona y solo una, y nadie más, ¿entendido?, decida sobre el consenso. La verdad, qué forma de hacer largo el camino, todo sería más sencillo si se impone el de por sí ya impuesto método democrático “lo que diga mi dedito”. Tranquilos, no todo lo decidirá el consenso de Liópez; por su parte, Polevnsky informó que las listas de candidatos plurinominales se decidirán con el método de la tómbola. ¿Lo ven? No todo lo ocupa el caudillo, también permite espacios para que el azar haga lo suyo.
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