El sitio desde el que se distribuye la droga que circula en los antros de la colonia Condesa tiene nombre y apellido. Es el edificio ubicado en Benjamín Hill número 12, a un paso de las taquerías El Califa y El Farolito.
En la azotea de ese edificio suele haber halcones armados que informan por radio de cualquier movimiento extraño. Abajo, en la puerta, unas veces una mujer y otras dos o tres sujetos de aire rudo —escoltados por feroces perros Pit bull— le pasan revista a la calle.
Una manta colgada en la fachada del inmueble indica que éste se halla protegido por la Asamblea de Barrios.
Llegaron una noche, “hará cosa de cinco años”. Esa misma noche irrumpieron en el edificio y desalojaron a golpes a los inquilinos de los 16 departamentos de que consta el edificio (y que a su vez, llevaban años pagando rentas congeladas). Una nota de La Jornada asegura que los nuevos propietarios del inmueble dejaron dicho “que cualquier cosa la vieran con René Bejarano y Dolores Padierna”.
Su presentación en sociedad ocurrió poco después: les cobraron derecho de piso a vecinos, acomodadores de autos de las taquerías cercanas y tianguistas que ocupan la calle todos los martes.
El derecho de estacionamiento a los habitantes de la calle fue vendido a 350 pesos por semana. Los automovilistas recibían a cambio un “comprobante de pago” con la fotografía de El Che. El costo por no cubrir con este requisito: rayones, cristalazos, espejos rotos, llantas ponchadas.

