Recomendamos: El placer de odiar, por Gil Gamés

Gamés pondrá a circular por el mantel tan blanco la máxima de Johann Nestroy: "Nunca estoy menos solo que cuando estoy solo".


Gil odia. Mientras caminaba sobre la duela de cedro blanco se acercó a la Mesa de Novedades. En lo alto de la torre de libros que huelen a tinta fresca estaba Oda al odio, una antología de textos misántropos realizada por Ariel Magnus y publicada por la editorial argentina Adriana Hidalgo. Este cernido extraordinario contiene textos de clásicos de las letras sorprendidos en momentos en los cuales odiaron a la humanidad. Todos hemos odiado alguna vez con intensidad decisiva. Gil arroja sobre esta página del directorio algunos párrafos de grima:


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Plutarco

'Vidas Paralelas'


Pero Antonio, abandonando la ciudad y la conversación de sus amigos, se construyó una vivienda sobre el agua, cerca de Faros, sobre una calzada que se prolongaba mar adentro y allí, recluyéndose de la compañía dela humanidad, dijo que deseaba otra cosa que llevar adelante que la vida de Timón; en efecto, su caso era el mismo pues las ingratitudes y las injurias que había sufrido por parte de aquellos a los que había estimado como sus amigos lo habían hecho odiar y desconfiar de toda la humanidad. Este Timón era un ciudadano de Atenas que vivió en los tiempos de las guerras del Peloponeso (…) Su epitafio decía: aquí yazgo, terminada mi vida miserable. No te preguntes mi nombre, los maldigo a todos.


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Luciano de Samosata

'Timón'


Para el resto de mi vida apruebo y promulgo la siguiente ley: no tendré contacto con ninguna persona, ni los reconoceré sino que los ignoraré. Las palabras "amigo", "huésped", "camarada" y "altar de la misericordia" dejarán de tener sentido en mi idioma, y compadecerme de alguien que llora o ayudar a un necesitado será un crimen y una afrenta de las buenas costumbres. Viviré aislado y solo conmigo mismo, como los lobos, y no tendré otro amigo en el mundo más que Timón.


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