“Cállate puta”. “Chingas a tu madre”. “Ponte de pie, pendeja”. “Bien que le chupabas la verga a Peña”. “Bola de pendejos”. “A la verga, putitas reporteras”. “Pinches reporteros chayoteros”.
Lo demás, son variaciones sobre la misma porquería: combinaciones exhaustivas de ofensas, hasta alcanzar, no se, mil o dos mil fórmulas. Una más ofensiva que la otra. Si usted abre cualquier video de Gobierno de México en YouTube, lo puede constatar en los comentarios: cascadas de basura contra los periodistas.
El asunto es que no se queda allí. Luego, más tarde, localizan al reportero o a la reportera en sus cuentas personales de Facebook o de Twitter y le descargan ofensas, amenazas. No importa quién sea, de qué escriba: mierda por toneladas. Si se atreven a cuestionar a Andrés Manuel López Obrador, como demanda su oficio, toneladas de insultos. Incluso si la pregunta no es fuerte, cascadas de insultos y amenazas. La pregunta, es más, puede ser suave y habrá alguien que aprovecha para odiar, para amenazar, para ofender.
No puedo decir que todos los reporteros lo padecen; no he hecho un censo, no me dedico a eso. Pero sí lo he escuchado de varios de los que acuden a la conferencia. Muchos de los afectados son mujeres. Las atacan en sus perfiles de Facebook.
Hace unos días, algunos de los que van cada mañana se preguntaban si debería aparecer su rostro en televisión y deberían decir su nombre en la conferencia. Se escucha bonito hacerlo, está bien y es lo correcto. Pero tiene consecuencias. Algunos han planteado protestar en silencio y no preguntar nada. Dejar la conferencia en blanco, una mañana de estas. Nadie le hace un favor a nadie en esas conferencias, pero si alguien se beneficia, claramente no es la reportera, el reportero.
Por supuesto que no es culpa del Presidente. Él no los convoca. Pero apenas unas palabras de él serían suficientes para que le bajaran. Lo supongo porque los que atacan son sus seguidores. Supongo que podría tener algún tipo de poder de convocatoria sobre ellos. Decir: los convoco a que no ofendan a los periodistas que van a mis conferencias; los convoco a que no los ataquen, no los acosen. “Tratémonos todos con respeto”, puede decir, así como pide que en los mitines no se le falte al respeto a los gobernadores o a los alcaldes que son abucheados. Se me ocurre que puede hacerlo. Son sus conferencias y los otros están allí porque es su trabajo y porque fueron convocados.

