En la zona hotelera de Puerto Vallarta, Jalisco, es ejecutado un sujeto de origen colombiano. Es la noche del 10 de marzo de 2017.
De acuerdo con los testigos, veinte pistoleros toman parte en la ejecución: el colombiano, de 28 años de edad, recibe ocho impactos. Se le identifica como operador financiero del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG, Nemesio Oseguera, El Mencho.
La ejecución provoca una fractura en el cártel. El hombre que la ordenó, Carlos Enrique Sánchez Martínez, El Cholo, antiguo jefe de sicarios del Mencho, comienza a operar desde una organización antagónica: Nueva Plaza.
Todo esto va a provocar, exactamente un año después, que tres estudiantes de cine sean secuestrados, asesinados y disueltos en ácido.
La pugna entre el Cártel Jalisco y Nueva Plaza dispara el número de ejecuciones en Tlajomulco, Tonalá y Tlaquepaque, municipios que El Cholo controla. En 2017, hay periodos en que llega a registrarse al menos una diaria.
A fines de año llegan, desde la cárcel, rumores que indican que un compadre del Cholo, Diego Gabriel Mejía —aprehendido en 2015 en posesión de drogas y armas—, está a punto de ser liberado.
El Cártel Jalisco moviliza a sus células para que Mejía sea ejecutado apenas pise la calle. Dichas células establecen un sistema de vigilancia fija alrededor de las propiedades del Cholo.
En marzo de este año detectan movimiento en una. Se trata de una casa de descanso en el municipio de Tonalá, a la que se conoce como La Cabaña.
El CJNG sabe que en esa casa pernoctó varias veces El Cholo. Averigua que la propiedad está a nombre de la suegra de Mejía -—a quien éste suele usar como prestanombres.
En esos días los halcones reportan a sus jefes que un grupo de hombres y mujeres han entrado en La Cabaña. Vienen a bordo de un Chrysler 330. Quienes lo conocen, afirman que el Chrysler 330 es el auto favorito de El Cholo. La instrucción es “levantar” al grupo.
No son sicarios quienes han entrado en La Cabaña, sin embargo, sino estudiantes de cine. Entre ellos se encuentran Javier Salomón Aceves, Daniel Díaz y Marco Ávalos. Hay un cuarto estudiante que salvará la vida porque el día de los hechos decide volver intempestivamente a su casa. Hay también tres muchachas: amigas y novias de los estudiantes.
Javier le ha pedido la cabaña a su tía Edna “N” para realizar un trabajo escolar. Según la Fiscalía de Jalisco, Edna también forma parte del equipo de testaferros de Diego Gabriel Mejía: incluso administra un conjunto de prostíbulos disfrazados de “estéticas masculinas”, en los que se esconde una red de trata.
Los estudiantes salen de la cabaña el 19 de marzo, hacia las ocho de la noche. Un desperfecto los obliga detenerse. Frente al fraccionamiento Colinas de Tonalá, los cercan dos vehículos en los que viajan seis hombres. Las jóvenes recuerdan que uno de los recién llegados tiró al aire y gritó: “¡Fiscalía de Jalisco!”. Todos parecían policías.
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