Recomendamos: Genética, por Gil Gamés

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leía las declaraciones de Enrique Ochoa Reza en su periódico El Universal en entrevista con Ariadna García. El dirigente nacional del PRI dice que el presidente Peña no metió las manos en el proceso de preparación de la asamblea y no envió documentos internos: “Ha sido totalmente respetuoso de que sea la militancia la que exprese las ideas, propuestas, que vamos a presentar a la sociedad. Le ha dado seguimiento a las discusiones, pero no ha participado de manera directa. Solo participará en el discurso que cerrará la plenaria de la asamblea”. Comuníqueme con Videgaray: ¿Luis? Yo no moveré un dedo para incidir en la asamblea del PRI. Me voy a dormir, ¿me avisas cómo ocurrió todo? Ya me puse mi piyama de patas.

Mju, comoñó. Yo solo les voy a decir unas tímidas palabras y ustedes harán lo que diga la militancia. Anjá. Por cierto, el Presidente haría muy mal si no metiera las manos hasta el fondo de la olla. A Gilga le llama poderosamente la atención (ya quedamos en que si se trata de una buena atención debe llamar con poder) que el discurso de Ochoa Reza se parezca tanto al del profesor Olivares Santana. Gamés lo dice en serio: la militancia se expresa, que se escuchen todas las voces, todas las propuestas críticas, autocríticas, sobre todo convincentes. O sea, el PRI se disfraza de un partido socialdemócrata, como si Gilga se disfrazara de Alain Delon, joven, y dijera palabras en francés: bonjour, jolie, je t’aime. No se lo creería ni la extinta madre de Gil.

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