INE planea instalar 155 mil casillas para elecciones de 2018

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Para no pocos, la circunstancia se ha vuelto lamento, si no es que enojo. En estos tiempos, por diversas consideraciones, la realidad se ve por el cristal que alienta y alimenta el descontento general. Hay razones para ello, siempre las ha habido, pero el problema mayor es que no nos demos licencia para ver lo positivo y, sobre todo, entender que para bien andar el camino adelante y mejorar lo que existe, requerimos de un mayor sentido de corresponsabilidad, optimismo y confianza en nosotros como comunidad.

He pensado que los desastres naturales nos han dado la oportunidad de entendernos mejor en nuestras virtudes como pueblo y en nuestro potencial como nación. El temor a lo inexplicable y la convicción de lo precario de la vida nos hacen poner en perspectiva bienes y males. Me quedo con la idea de que lo acontecido con todo lo que significa en costo humano y dolor da lugar para que asumamos de mejor manera nuestro presente. Esto es relevante ante el escenario de disputa por el poder que habrá de resolverse por la civilidad propia de las elecciones.

Partamos de lo innegable: los problemas son reales y además recurrentes. Pero la inseguridad, el déficit en la calidad de los gobiernos y de la política o la desigualdad en todas sus expresiones deben entenderse y resolverse con visión, comprensión de sus razones profundas y, especialmente, compromiso compartido para resolverlos. No hay soluciones fáciles ni rápidas. La promesa simple y voluntarista colapsa ante la terca realidad. Así, por ejemplo, en Nuevo León, hace poco más de dos años ocurrió uno de los resultados electorales más sorprendentes al llevar al triunfo a un candidato independiente que despertó la expectativa de un cambio profundo; ahora se padece un generalizado desencanto y quienes ayer le abrían camino por el fastidio con el orden de cosas ven no solo cómo se desmorona lo prometido, sino un retroceso en muchos terrenos ganados, como el de la seguridad, entre otros.

Por eso es menester hacer de la competencia virtud. No se trata de que partidos, candidatos y organizaciones declinen en su lucha frente a los adversarios o al estado de cosas. De lo que se trata es interiorizar lo mejor de los valores y principios de la democracia, en tiempos donde las naciones más avanzadas padecen el embate del populismo nacionalista. El discurso del odio, que estará presente, perderá valor si la respuesta ciudadana es de reserva o escepticismo. También debemos proceder así ante quien recurra a la promesa superficial, eluda el debate o aliente los sentimientos y emociones más bajas de la sociedad.

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