Un grupo de ciudadanos ha dirigido al futuro gobierno y al, desde hoy, presidente electo de México, una fina y penetrante reflexión sobre efectos no deseados que podría tener la medida de aumentar los días de trabajo en la burocracia a seis días y a ocho horas por día.
1. Fomentará la desigualdad contra las mujeres, porque la desigualdad ya existe de hecho en el reparto de las tareas domésticas y aumentar la carga de trabajo para las mujeres es agravar esta desigualdad previa. Tendrán que hacer el trabajo doméstico que ya hacen más un día y ocho horas de trabajo en su oficina.
2. Vulnerará el interés superior de la infancia, restringiendo el tiempo que sus padres pueden y deben pasar con ellos, pues “¿dónde estarán y qué harán niñas y niños si sus padres dedican seis de los siete días de la semana a trabajar fuera de casa?”.
3. Disminuirá los derechos adquiridos por los trabajadores, ya que, de por sí, la jornada laboral excede en los hechos lo que marca la ley. Y según datos de la OCDE, en 2013 México fue el país con el promedio anual más alto de horas trabajadas, con un total de 2 mil 237 horas por trabajador.
4. Entorpecerá la “reconciliación nacional”, porque, a querer o no, la medida, tal como se ha anunciado, estigmatiza implícitamente al grupo de mexicanos que son empleados de confianza en el gobierno federal, pues sugiere que no trabajan o que son todos prebendados, si no es que corruptos.
5. Atentará también contra el desarrollo humano, la calidad de vida y la aspiración a la felicidad de las personas y sus familias, pues “¿bajo una vida acaparada por las jornadas laborales, podremos optar por una vida de bienestar”?
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