La semana pasada, el jefe delegacional en Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, entregó una carpeta a la Comisión de Seguridad Pública de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Monreal calificó el contenido de la carpeta como “muy delicado”.
El documento, titulado Análisis de la incidencia delictiva en la delegación Cuauhtémoc, revela que en esa demarcación se han detectado diez actividades ilícitas relacionadas con la delincuencia organizada: tráfico de estupefacientes, trata de personas, lenocinio, falsificación de documentos, ejecuciones, “piratería”, extorsión, secuestro, tráfico de armas y contrabando.
El diagnóstico indica que la desaparición de 13 jóvenes en el bar Heaven, ocurrida en mayo de 2013, no sólo puso al descubierto la rivalidad entre dos grupos del crimen organizado cuya identidad había permanecido en la penumbra, la Unión Tepito y la Unión Insurgentes: también presentó todos losmodus operandi de la delincuencia organizada: narcomenudeo, ejecuciones extrajudiciales, protección de policías y vinculación de los participantes con cárteles mayores.
La carpeta de Monreal señala que en la Ciudad de México operan al menos cinco cárteles. El de Sinaloa, que maneja “cargamentos en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez”; el de los Beltrán Leyva, encargado de la distribución de drogas en antros y bares; Los Zetas, dedicados al robo, el contrabando de mercancías y la trata de personas; el Cártel del Golfo, cuyo giro es el robo de mercancías y el secuestro, y Los Caballeros Templarios, cuyas células están entregadas, fundamentalmente, al secuestro y la extorsión.
El documento afirma que la delincuencia organizada existe en la capital del país como “agente promotor o fuente de actividades ilícitas”, aunque no necesariamente se halla “protegida por alguna autoridad policial o alguna autoridad política local”, como en otros estados.

