Recomendamos: La hora robada, por Gil Gamés

Cada año que pasa, Gil oye críticas acres contra el horario de verano, ése en el cual el reloj debe adelantarse una hora. A Gamés siempre le pareció banal el litigio hasta el día en el cual la mañana había transcurrido como un soplo y los deberes del día aún dormían. Sí, ya Gil sabe de los extraordinarios ahorros de energía, pero la verdad es que durante mucho tiempo se impone la hora robada. ¿Dónde buscar esa hora de la cual ha sido despojada nuestra vida? Nunca sabremos qué ocurrió en esos minutos desaparecidos. Si en una pequeña distracción un señor que se llama Lenin Moreno puede ganar los comicios de Ecuador, en México y durante una hora en los comicios de México triunfaría Stalin Pérez Gómez. ¿Cómo le ponemos al niño?, pregunta la madre; el padre contesta: un nombre grande por el cual sea recordado: Mariátegui Fidel Mao Sánchez. Suena bonito, dice la madre. Y de cariño le diremos Marifima.


Ahora mal sin bien. Al adelantar una hora nuestro reloj un mundo se pierde, pero no todos los mundos por desgracia, Gilga ha visto en sus periódicos a Alfredo del Mazo, candidato al gobierno del Estado de México con Enrique Ochoa Reza, El Chafirete, allá por el rumbo de Tlanepantla; tampoco se ha perdido en un pliegue del tiempo Josefina Vázquez Mota, candidata del Partido Acción Nacional, en Atlacomulco; ni Delfina Gómez Álvarez, baluarte de Morena, en Texcoco; Juan Zepeda, del Partido de la Revolución Democrática, sí se perdió, pero no precisamente por la hora robada. Así las casas (muletilla patrocinada por Grupo Higa), estamos condenados a perder unos minutos preciosos mientras los minutos chiclosos se eternizan. Las batalla de los 11 millones de votos, así le llaman a esta elección y desde el primer minuto de hoy empezaron las campañas. No somos nada.


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