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Una imagen que circuló en redes sociales fue la nota ayer en la mañanera. Refleja la dura mirada que el Presidente le dirige a Pancho Domínguez, gobernador de Querétaro, mientras se defiende de las acusaciones de recibir sobornos que le hizo Lozoya. La condena visual que hace López Obrador es tan elocuente, que no hubo necesidad de que dijera nada. Fue un “¡cállate, chachalaca!” en silencio. Y es que, a diferencia de Diego Sinhue o Enrique AlfaroDomínguez no se amedrentó ante el primer mandatario. Utilizó su intervención en la mañanera no sólo para defenderse, sino también para hacer señalamientos. Así se la soltó al Presidente:

“Hay (en el Lozoyagate) una intención política, no es cuestión legal. Atacan a un gobernador de oposición bien calificado. Mienten porque Querétaro no tiene una, una sola observación de la Auditoría Superior de la Federación ni de la Secretaría de la Función Pública Federal, ni una, y es el manejo del dinero público de todos los queretanos”.

A su acusador Emilio “L” —como lo llama la Fiscalía— de “perverso” no lo bajó: “El señor Lozoya ha pretendido involucrarme con una bajeza inaudita en actos de corrupción, ha aportado sólo sus dichos que valen lo que su prestigio: nada”.

Ya en la sesión de preguntas, el aguerrido reportero, Rodolfo Montes, le preguntó al gobernador: “¿Usted considera que desde el gobierno federal se está orquestando una campaña en contra de usted, gobernador?”. López Obrador apeló a la urbanidad política y pidió tratar el tema en otra ocasión. ¡Nooo!, replicaron los reporteros. El Presidente le preguntó si quería responder, pero Domínguez se mantuvo en lo que había anunciado: no dijo una palabra más.

* Ya que estamos: Lozoya se ha convertido en aliado imprescindible de la 4T, camino a las elecciones de 2021. Sus dichos sobre sobornos de Odebrecht recibidos en sexenios anteriores han arrinconado a una oposición que se sabe dañada, pero que no ha podido minimizar el golpe.

El exdirector de Pemex ha involucrado a tres expresidentes (PeñaCalderón y Salinas de Gortari), a dos excandidatos presidenciales (Ricardo Anaya y José Antonio Meade), a tres exsecretarios de Hacienda (VidegarayCordero y González Anaya). Pero también a tres exlegisladores hoy gobernadores (Pancho DomínguezCabeza de Vaca y Miguel Barbosa) y tres exsenadores (David PenchynaJorge Lavalle y Salvador Vega). ACarlos Treviño, exfuncionario de Hacienda, Rafael Caraveo, exfuncionario del Senado, Osiris Hernández, particular de Anaya, y Lourdes Mendoza, periodista, según la declaración que le hizo a la FGR que ayer se filtró íntegra,

Es pertinente aclarar que no aparecen ni Javier Lozano, ni Mariana Gómez del Campo, incluidos en columnas políticas.

Casi todos han negado los señalamientos. No sirve de mucho. Pocos les creen. El “pueblo bueno” ya los condenó. Morena ganó este round. Ese era el plan. El propio Presidente ha declarado que hay que exhibirlos, señalarlos para, dice él, erradicar la corrupción. El pago por esa “información” es que Lozoya, pivote de la red de corrupción de Odebrecht, no pise la cárcel. El precio para el “testigo colaborador” es llevar la etiqueta de delator toda su vida. El juicio, ya lo verá, se va a alargar a conveniencia de Morena camino al 21.

* De la reunión de la Conago con el Presidente y todo su gabinete, en SLP, nos queda la denuncia que el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, hizo del subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta.

Más información: https://bit.ly/31bmwgf

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