Gil caminó sobre la duela de cedro blanco rumbo a la Mesa de Novedades en donde apila los libros que se acaban de publicar. En lo alto de una torre encontró Arenas movedizas de Henning Mankell, una novela-memoria publicada por la editorial Tusquets. Mankell vendió más de 40 millones de libros, novelas policiacas en las que el detective Wallander salió de mil laberintos. Arenas movedizas no es una trama de crímenes, la historia cuenta la grave enfermedad a la que se enfrentó Mankell, un cáncer de pulmón cuyas metástasis ocuparon diversas partes de su cuerpo. El escritor sueco murió hace unas semanas. Gil arroja un puñado de subrayados de estas páginas escalofriantes.
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En el caos emocional en que me encontré inmerso de repente después de que la tortícolis se convirtiera en un cáncer, me di cuenta de que la memoria me llevaba no pocas veces a la infancia. Sin embargo, tardé en darme cuenta de que la memoria me ayudaría a comprender, a crear un punto de partida para encontrar el modo de enfrentarme a la catástrofe que me había sobrevenido.
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Puede que no me atreviera a pensar en el futuro. Era un territorio incierto, minado. Así que volvía continuamente a la infancia.
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El aspecto que uno tiene ante el espejo cambiará a lo largo de la vida, pero detrás se esconde siempre quien tu eres.
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