Recomendamos: Modestos milagros, por Gil Gamés

En estos días de guardar ocurren modestos milagros, si eso existiera. El primero de ellos: a cinco pisos de altura, la delegada Xóchitl Gálvez montó una viga de acero de 150 kilos y 12 metros de largo. En Horacio número 631, en Polanco, la delegada montó literalmente en cólera y dijo, o pudo decir: le rasuramos a este edificio un piso y san se acabó: “yo soy ingeniera, no como esos que se la pasan en la oficina. Yo sí me la he vivido en los edificios”. Ajá, con razón no la hemos visto en sus muchos cargos, ya se entiende: estaba en los edificios, en la parte alta, desde luego. Sierra en mano, la delegada Gálvez aserruchó las vigas: “Aquí se tiene que cortar con soplete e ir bajando las vigas y el resto son tornillos que simplemente se aflojan”.


A Gil le parece muy bien que la delegada Gálvez haga que se cumpla la ley: bien hecho. Ahora mal sin bien: que la delegada se trepe a cortar con sierra las vigas es una payasada. Es como si preguntaran por el secretario de Hacienda y su particular dijera: el señor Meade está contando billetes en su oficina, cosa crucial para la hacienda pública, y no puede atender a nadie, lleva contados como 10 millones 200 mil pesos y contando, por favor no nos interrumpa: 10 millones 200 un mil un pesos, en fon, a un lado que se nos va la cuenta.


Así las casas y los edificios (muletilla patrocinada por grupo Higa), Gálvez considera que un gran acto de gobierno consiste en serruchar una viga a cinco pisos de altura. ¿Y la seguridad, las calles, la obra pública, los parques de su delegación? Diría Gálvez: no sean piches cursis. Porque Gálvez considera que hablar así le da fuerza conceptual a sus propuestas. Ups.


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