Diamante y Esmeralda podría ser el título de una telenovela de esforzados guionistas subnormales, pero no se trata de una historia de amor, o sí, pero no de ese amor, Diamante y Esmeralda eran los nombres en clave que utilizaban los escoltas para referirse a Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz, y su esposa Karime Macías. Una pareja de película: ella viajaba una o dos veces al mes en el avión Tajín del gobierno de Veracruz a Ciudad de México, para asistir a un salón de belleza del conjunto comercial Antara, en la colonia Polanco. Cariño me toca una emparejada, mira que descuidadas están las puntas de mi pelo; sí, te veo esta noche, Gordo, cuídate y recuerda que no hemos pagado los últimos pesos del departamento de Nueva York. Sí, descuida, Gordo. Muámuámuá. Soy feliz a tu lado, Gordo.
En las visitas de Karime Macías a Ciudad de México, informa su periódico Reforma en una nota de Benito Jiménez, la señora se daba sus pasadas por la tienda Sakks, Fifth Avenue, también en Antara, y llegó a pagar 140 mil pesos por un vestido o 30 mil por unos zapatos. ¿Cómo la ven? Dicho esto sin la menor intención de un albur de seda y tacón de aguja.
Por su parte, al Gordo lo apasionaba el golf. Jugaba con la gracia de un Billy Elliot en la pista, ligero como una gacela. Apenas unos días antes de darse a la fuga, por cierto, sus escoltas afirman que el helicóptero fue una cortina de humo (Liópez, mire: una cortina de humo, al fin), el entonces gobernador con licencia jugaba al golf. Luego invitaba a sus amigos a un asado y a risotadas conquistaba a sus invitados. ¿Gobernar? ¿Quién habló de gobernador? Eso déjelo para los políticos pobres. Para nosotros gobernar es adquirir propiedades, dar préstamos al partido (Gil ya escribe como El Baisano Jalil), vagar campañas (con "v" en lugar de "p").
Más información en: http://bit.ly/2ifw8x3

