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Se preguntan quiénes son,
a pesar de que ya lo saben.
Florestán

Cuando ayer le contaba que teniendo claro que la migración sería el problema más grave de este país, lo que no vi venir fue el tiempo, el ya, y el que ahora no solo sea un conflicto humano, social y económico, sino político por la amenaza de Donald Trump que se ha convertido en el vigilante, calificador y sancionador de las políticas migratorias del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Al inicio de su sexenio ya venía arrastrando, desde 2018, un ingreso de 400 mil personas sin documentos en esa frontera, y 320 mil en el primer cuatrimestre de este año.

Y el caso migratorio se convirtió en el principal conflicto de la relación bilateral que el mismo Trump amarró al comercio, vía la amenaza arancelaria que le funcionó, pues el gobierno de México modificó sustancialmente su política migratoria para no ser el camino franco a todas las migraciones del sur.

Lo primero que se trató de hacer, y en lo que estoy de acuerdo, es en ordenar el ingreso para saber quién entra, a qué y de dónde viene, lo que no lastima en nada sus derechos fundamentales.

Pero el Instituto Nacional de Migración fue insuficiente por falta de personal, instalaciones, presupuesto. Fue rebasado por los portazos migratorios.

Ahora, tras la amenaza de los aranceles de 5 a 25 por ciento, que Marcelo Ebrard logró posponer, se anunció el envío de 6 mil militares elementos de la Guardia Nacional, aparecieron recursos hasta de la presunta venta del avión presidencial y de los ahorros de la lucha anticorrupción y austeridad.

Eso fue lo que logró Trump, eso fue lo que cedió el gobierno mexicano con dos reservas: que él nunca se dará por satisfecho, y menos en campaña de reelección, y que no se puede determinar hasta dónde serán suficientes las medidas de López Obrador para detener esas corrientes migratorias, por lo que viviremos entre la amenaza y la duda.

RETALES

1. AJUSTES. Ebrard seguirá al frente de la cancillería, y más en este momento de relación con Estados Unidos, y Olga Sánchez Cordero en Gobernación. Donde sería el relevo es en la SCT, donde a la salida de Javier Jiménez Espriú, llegaría Gerardo Ferrando Bravo, cabeza del Grupo Aeroportuario Mexicano; y

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