Recomendamos: Para salvar al Caballito, por Gil Gamés

El símbolo de la Ciudad de México vive enclaustrado en una caja. Los científicos se devanan los sesos, los funcionarios se muerden los nudillos, los historiadores se jalan los pelos, los ciudadanos ven un cajón en la Plaza Tolsá, frente al Museo Nacional, que guarda a El Caballito.


Ahí lleva un tiempo a oscuras mientras los científicos, los funcionarios y los historiadores deciden cómo devolverle a la gran estatua ecuestre de Tolsá su viejo poder.


La historia es conocida en la ciudad: unos señores de una empresa fueron contratados (ah, la voz pasiva) para darle una mano de gato al Caballito, pero le dieron una garra de tigre con ácido nítrico. El rostro de Carlos IV quedó más rosa que la cara de un querubín y diversas partes del caballo se iluminaron de rosa y un poco de verde. Total: ya existe un Comité Científico para la recuperación de El Caballito que busca una nueva piel para la escultura ecuestre. Si Gamés ha entendido bien, se trata de un tratamiento dermatológico que le devolverá a Carlos brillo y lozanía a su aspecto.


Gil lo leyó en El Universal en una nota de Abida Ventura. Los resultados preliminares del análisis del Comité de Científicos indican que para restaurar los daños ocasionados al Caballito se deben seguir cuatro pasos. Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: al fin los expertos se han hecho cargo de este asunto.


Gilga se abrazó en el centro del amplísimo estudio y se felicitó como si fuera parte de la descendencia de Carlos IV.  


http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/para-salvar-al-caballito.html

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