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1.- ¿Qué sentirá la gente de izquierda –de genuina izquierda– de haber creído que votaba por uno de los suyos, y enterarse de que entre las primeras medidas tomadas por el gobierno está la sustitución del programa de estancias infantiles, que atiende a más de 300 mil niños de padres trabajadores, por uno semejante al de los vouchers educativos en Estados Unidos, impulsado por políticos republicanos, y del que seguramente se sentiría orgulloso Milton Friedman, padre del neoliberalismo?

2.- ¿Qué pensarán las feministas que optaron por el mismo candidato sin saber que éste, recién asumidas las riendas del poder, daría al traste con el financiamiento público a las organizaciones sociales que pusieron en funcionamiento los refugios para mujeres víctimas de violencia familiar, que han salvado la vida y dado una oportunidad de desarrollo personal a unas 20 mil de ellas? Entregar dinero directamente a las víctimas, dicen especialistas y las propias mujeres que han sufrido maltrato, pudiera ponerlas en un peligro aún mayor.

3.- ¿Qué pasará por la cabeza de los miembros de la comunidad gay que creyeron que en este sexenio avanzaría la causa de la igualdad entre quienes tienen preferencias sexuales distintas, y ahora ven que la primera mujer que llegará a la Suprema Corte de Justicia, propuesta por el actual Presidente, seguramente llevará a ese tribunal posiciones en favor de las familias tradicionales y en contra de la adopción por parejas homosexuales?

4.- ¿Qué sucederá con la estrategia partidista de abuchear en las plazas públicas a los gobernadores surgidos de la oposición –con el objetivo de que “luzca nuestro señor Presidente”–, cuando el Ejecutivo visite el próximo fin de semana Guanajuato, el único estado que no ganó en las urnas, así como Jalisco, la entidad cuyo mandatario local ha sido de los pocos que no se le han plegado con la facilidad con la que lo han hecho otros?

5.- ¿Cabe el “respeto” hacia los opositores cuando el partido del gobierno ordena a sus militantes que aquéllos sean hostilizados en público como se describe arriba? ¿Cabe la condena de los “abyectos” cuando una de las integrantes del primer círculo presidencial describe al Ejecutivo con palabras llenas de lambisconería que remiten a la famosa autocaracterización del Rey Sol, esto es, que el Estado y él son la même chose?

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