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Con el mismo título de esta columna, Jorge G. Castañeda ha publicado en su blog  “Amarres” de la revista Nexos ( https://bit.ly/35F687h) un oportuno recuento y una ayuda de memoria histórica del supuesto liderato de México en América Latina.

Ese liderato existiría, se dice en México, gracias a momentos estelares de nuestra política exterior, momentos que poco tienen que ver con la famosa doctrina Estrada de la no intervención; momentos, en realidad, de intervención diplomática a favor o en contra de gobiernos establecidos, cuya política interior defendimos o rechazamos en distintas coyunturas de la historia.

Lo característico de esos momentos, recuerda Castañeda, es que fueron actos diplomáticos solitarios, mal recibidos por el resto de los países latinoamericanos.

Estos son los momentos: el voto contra el golpe en Guatemala en 1954 (Conferencia de Caracas), la no ruptura con Cuba (OEA, Punta del Este, 1960), la ruptura unilateral con Pinochet (1973), el apoyo a la revolución sandinista y al FML en los setentas y ochentas.

En todas estas coyunturas, dice Castañeda, “tuvimos razón, pero la tuvimos solos. Nadie nos siguió, en buena medida porque la región se encontraba gobernada por regímenes militares subordinados a Estados Unidos. Más adelante, un puñado de países nos acompañaron en la negociación del fin de las guerras centroamericanas, pero el liderazgo lo ejerció Óscar Arias, quien por eso obtuvo un Premio Nobel de la Paz. No México”.

En estos días, México ha vuelto a salirse del mitológico ordenamiento de la Doctrina Estrada y ha procedido, en los hechos diplomáticos, a no condenar a Venezuela y a tomar partido explícito por el presidente renunciante de Bolivia, Evo Morales.

Más información: http://bit.ly/2XKbM57

 

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