Dijo Javier Tello en la emisión de La hora de opinar que a Ricardo Anaya solo le quedaban dos estrategias que jugar, ambas contradictorias o no coordinables entre sí, para competir todavía en esta elección.
La primera sería lanzar una ofensiva radical anti-PRI, anti-Peña, antisistema para atraer los votos tibios que están con López Obrador por esas razones.
La otra, pactar con el Presidente, con el PRI y con el sistema todo el uso del voto útil. Es decir, que a la vista de que el candidato priista no puede ganar, el gobierno y sus gobernadores operen en sus territorios en favor de Anaya.
Ayer nos informó Joaquín López-Dóriga en su columna que el presidente Peña ha rehusado, de plano, ante un grupo de empresarios, dejar morir a su candidato. No abandonará a Meade, no intervendrá en la elección y se atendrá a los resultados.
Por lo tanto, en la lógica de Tello, solo quedaría una oportunidad de tener una elección presidencial competida: que Anaya se radicalice como candidato antisistema, le compita a López Obrador en ese terreno y le arranque votos directamente a él, votos que valen doble, pues cuentan como gol de visitante.
La joya de la corona de esa estrategia es, desde luego, el ataque que Anaya pueda lanzar sobre los dos hoyos negros del gobierno de Peña que son inseguridad y corrupción, en tanto responsabilidad política del Presidente y, por tanto, sujeta a rendición de cuentas ante la justicia.
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