Las posibilidades reales de que López Obrador triunfe en las elecciones presidenciales deberían hacerlo más reflexivo y menos impulsivo en algunos temas.
El precandidato-candidato de Morena sabe muy bien que hoy está más cerca que nunca de ser el Presidente del país. Sabe también que tiene que dejar de ser su mejor enemigo y sabe que no debe improvisar ni ser aliado de las ocurrencias. Debe tener cuidado de no caer en triunfalismos ante las encuestas, como le pasó el fin de semana en que de plano se resbaló.
El maniqueísmo de que si las encuestas le son favorables son buenas y si no es así es que están “cuchareadas”, a estas alturas no tiene sentido. Partamos de algo que está a la vista, el futuro sigue siendo incierto, pero por lo pronto el presente le sonríe a López Obrador.
En algunos temas el tabasqueño se tiene que poner serio. Se entiende que estamos en tiempos en que hay que jugar para la tribuna, pero no se la puede pasar así. El país no puede inventarse a partir de su eventual triunfo, muchas instituciones funcionan en el país y lo hacen viable.
No tiene sentido descartar por principio las reformas con tal de golpear y descartar al actual gobierno. No es un asunto sólo de hacer ver públicamente que se rompe con el gobierno de Peña Nieto y todo lo que lo rodea para quedar bien con sus muy fieles y vehementes seguidores. De lo que se trata es que, con base en un análisis serio y profundo, se vea qué funciona y qué no funciona, qué deberá mantenerse y qué eventualmente se debería descartar; es un absurdo empezar de cero.
Dentro de las reformas que López Obrador tiene en la mira está la educativa. La está viendo más que como un proyecto que debiera ser analizado y cuestionado en sus bases, como parte de una negociación con el magisterio, bajo la promesa de derogarla para asegurar el voto de un sector de los profesores.
No identificar que en la reforma hay elementos positivos es actuar bajo impulsos sin reflexionar. Si lo que se quiere es gobernar, más vale ir haciendo a un lado los actos políticos que, si bien sirven para ganar simpatías y una momentánea popularidad, no dan para la gobernabilidad.
Quizá lo primero que habría que hacer, si es que no se ha hecho, es leer y analizar el texto de la reforma y lo que se ha hecho hasta ahora; recordemos que en el segundo semestre de este año entra en funciones.
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