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La extinción de dominio no le gusta nada a Gil, le da miedo, lo pone muy nervioso. El 25 de julio, el Congreso de la Unión aprobó este dictamen de ley y reformas a diversos ordenamientos. A Gilga le preocupa que este instrumento pueda ser utilizado para abusar del poder, poner en riesgo la seguridad jurídica, la presunción de inocencia y el derecho a la propiedad. Así como lo leen y lo oyen.

Quien como Gamés haya oído al Presidente explicar este dictamen no le quedará más que la mortificación. Oigan, aunque lean: “Lo que se confisque, por delincuencia, sea común o de cuello blanco, todos los bienes que se confisquen, de inmediato se van a entregar al pueblo ya sea dinero o bienes. Un bien se confisca… se retiene y se hace un avalúo formal. Puede seguir el juicio. Si resulta que esa retención del bien era injusta, de inmediato, el Instituto le paga el valor del bien”.

Gil dio una machincuepa en el mullido sillón. Momento: a un señor o una señora se le acusa de delincuencia. En ese momento se le quitan sus bienes y se le dan al pueblo. ¿Y cómo se le dan al pueblo? ¿Se les convoca y se les da dinero, coches, casas, joyas? ¿A qué parte del pueblo? Se sabe que al pueblo bueno, eso sí. El Presidente tuvo buen cuidado de no utilizar una palabra que resonaba en la mente oscura de Gamés: expropiación. Y luego puede ocurrir que después de apoderarse de los bienes, el acusado resulte inocente. Ah, entonces se le paga el bien que se le decomisó. Ajá.

Oigan: no. ¿Así nomás? ¿Te requiso tus bienes, se los doy al pueblo y luego vemos? ¿Estamos locos? No puede ser, Gil no da crédito y cobranza. Cuidado porque todo empieza en un dictamen y termina en un atentado a la propiedad. Esa extinción de dominio en realidad es una extensión tiránica del poder.

Por cierto, si la lectora, el lector y le lectere quieren leer un informado artículo sobre este asunto vayan al sitio de la revista Nexos y lean “La reforma a la extinción de dominio: seis puntos preocupantes”, de Estefanía Medina y Adriana Greaves. A Gil se le ponen los pelos de punta y punto.

A hombros de gigante

Durante su toma de protesta como gobernador de Puebla, Miguel Barbosa invocó un gobierno de igualdad. El político de Morena dijo que “por el bien de todos, primero los pobres”. Ahora mal sin bien, los que estén parados siéntense, los que estén sentados párense (no empecemos), el gobernador Barbosa dijo esto: “Me inspiro en un hombre de época, un gigante, en el pensamiento de Andrés Manuel López Obrador”.

Hemos viajado en el tiempo y llegado al día en que los gobernadores se arrodillaban ante el presidente: ¿les gusta Alemán, Ruiz Cortines, López Mateos, Díaz Ordaz? ¿Se acuerdan de los emisarios del pasado? Regresamos a la época en que un hombre esclarecido guiaba a la nación. Gil recuerda: ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario. Decía don Porfirio: “este gallo quiere maíz”. En fon.

Más información: http://bit.ly/2yCOcLS

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