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Como en una novela de terror, una denuncia recibida en el 911 informó, el domingo pasado, el hallazgo de un autobús de la empresa Futura que había sido abandonado en un punto de la carretera federal Zihuatanejo-Lázaro Cárdenas, en el municipio de La Unión de Isidoro Montes de Oca, Guerrero.

El autobús había salido de Lázaro Cárdenas, con destino a Acapulco, a las 3:30 de la mañana. Lo conducía un operador de 34 años.

Ahora no había rastro alguno del chofer. Tampoco de los pasajeros.

La unidad, un Volvo con número económico 2702, tenía la puerta abierta, las llaves pegadas al switch, así como “visibles huellas hemáticas en el área del operador” y también “en la parte de afuera, a la altura de la ventana del piloto”.

Más tarde se supo que los únicos tres pasajeros que iban a bordo habían llegado “por sus propios medios” a la estación de Zihuatanejo. Ahí relataron que el autobús había sufrido una falla mecánica a la altura de la comunidad de Jojutla y que “el chofer se bajó para intentar repararla”. No se supo más de él.

Las manchas lucían verdaderamente aparatosas en el piso de la unidad.

La Unión es uno de los 17 municipios de Guerrero en los que la violencia ha provocado el desplazamiento de familias enteras. Hace unos meses, en los cerros de ese municipio se grabó uno de los videos más espantosos en la era del crimen organizado.

En ese video, que se difundió en YouTube, dos sicarios le cortaron las arterias y las venas a un joven que lanzaba gritos horrendos y luego le arrancaron el corazón con sus propias manos. La clase de cosas que, hoy sabemos, son práctica corriente en las montañas de Guerrero.

La misma semana en que aquel video fue grabado, dos personas fueron desmembradas en el municipio. El pasado 16 de enero se encontró el cadáver de una mujer, repartido en dos costales, en un tramo de la carretera Zihuatanejo-La Unión. A los pocos días, otro cuerpo desmembrado fue arrojado frente a las oficinas del PRD municipal.

Desde fines de 2012, La Unión de Isidoro Montes de Oca se encontró a mitad de una disputa por el control de zonas de producción y de rutas de trasiego. La protagonizaron Los Caballeros Templarios y el Cártel Jalisco Nueva Generación (aliado con un grupo local conocido como Los Granados).

A pesar de la presencia de las fuerzas armadas, el horror cundió en el municipio en todas sus formas. En 2013 el crimen organizado lo controlaba todo. Se permitió el lujo de entrar al Cefereso local para rescatar a un grupo de prisioneros. Aquel 9 de junio las cuatro torres de vigilancia del penal fueron acribilladas por un comando. El grupo armado se llevó a nueve reos procesados por secuestro, homicidio y robo calificado, y dejó atrás a dos custodios muertos. El director de la institución había huido en cuanto comenzó el ataque.

Más información: http://bit.ly/2KtgNel

 

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