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Gil pensaba (empezamos con las jactancias) que era inevitable que le cayeran a palos a Germán Martínez, flamante candidato a senador plurinominal de Morena, ex presidente del PAN, amigo y paisano de Felipe Calderón y defensor de su Presidencia. Una enfermedad desconocida nos ataca a todos despojándonos de toda memoria. De hecho, Gilga ha olvidado quién es y perdido su identidad. Por cierto y cierta, Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: Martínez se va con el que le hizo la vida de cuadros a su amigo, el que lo insultó hasta el cansancio y quiso evitar que tomara el poder en un intento golpista, como lo oyen, que Martínez ha olvidado. No solo él, muchos se envuelven en el manto del olvido.

Gil estaba en el Congreso, en el corral de la prensa. Le habían pedido una crónica del cambio de poderes. Un recuerdo: a una voz de Carlos Navarrete se desató una ensordecedora silbatina. Las puertas interiores del Congreso se convirtieron en trincheras sobre las que se encimaron butacas, sillas y pusieron cadenas y candados. De pronto, detrás de los periodistas, los legisladores priistas entraron al recinto, cada uno y cada una de ellas llevaba una banderita mexicana. En medio de un escándalo ingobernable, de pronto, detrás de la bandera nacional aparecieron Vicente Fox y Felipe Calderón con las caras descompuestas. Fox le dio la banda presidencial, y Calderón protestó a trancas y barrancas. Pues con ése que quiso impedirle a Calderón gobernar y en consecuencia entorpecer las acciones del PAN que tiempo después dirigiría Martínez Cásares, con ése inicia su nueva vida política. Felicidades, abrazo, su futuro en Morena promete.

Reconciliación

Entrevistado por Mayolo López para su periódico Reforma, Martínez Cázares no sabía cómo salir del aprieto: “El que me guiñó un ojo ayer fue Castillo Peraza, que acabó su vida fuera del PAN. Y cuyo último voto fue para Rincón Gallardo”. ¿A quién invoco para justificar semejante despropósito? A un espíritu, sí, el espíritu de Castillo Peraza y de ahí no me mueve ni Dios. Y así lo hizo el abogado Martínez. “A este país le hace falta una reconciliación, y yo la veo en L(i)ópez Obrador. No busca perseguir políticamente a nadie. Él no quiere que les vaya mal a los empresarios del país”. Gamés musical no pudo contenerse: “…nosotros no somos así. Te quiere la escoba y el recogedor, te quiere el florero y viejo veliz, o como se diga, y así yo te quiero y te quiero feliz”. Ay, el abogado litiga contra su reputación y la arrastra hasta convertirla en jirones: “Lo que tengo es necesidad de transformar esta indignación, este coraje social en una esperanza potente y transformadora de México”.

Veamos, dijo el ciego: ¿el coraje social y la indignación empezaron cuando fue secretario de la Función Pública de Felipe Calderón? ¿O después? A esta forma de hacer política se le llama memoria con papas: se sofríe la memoria hasta que quede muy delgada, casi transparente, luego se le agregan unas papas en rodajas y listo: todos a Morena.

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