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Las cosas que se encuentra Gilga en sus periódicos. Gil lo leyó en su periódico Reforma. Karen Harfuch es la aficionada mexicana al futbol apodada Lady no mames. A Gil le simpatizó leer los labios de Karen en la pantalla de la televisión cuando Hirving Lozano anotó el gol con el que México venció a Alemania, un grito, una plegaria, un amuleto: ¡no mames! Resulta que Karen reaccionó así por la situación que vive el país: “O sea, y más con todo lo que pasa en nuestro país, dices gracias, neta, gracias, muchachos”.

Karen viajó a Rusia con su esposo Jorge. Ella, como los 40 mil mexicanos que viajaron a Rusia y compraron boletos para ver algún partido del Mundial, sufren enormidades por la situación que atraviesa el país, por la tremebunda crisis. Solo faltó que Karen dijera: vinimos huyendo de la hambruna mexicana y, por cierto, qué gran gol de Hirving, no mames. Como les iba diciendo, pasamos por momentos aciagos, me sirves otra copa de champaña, amor. Les decía, acá en Rusia no olvidamos la crisis, por cierto prefiero la Roederer a la Henri Abelé. El caviar ruso me recuerda la crisis mexicana y me pongo muy triste. ¿Dónde cenamos mañana? Me gustaría algo nuevo, audaz, muy ruso. ¿Vamos, cariño? ¿O prefieres que llore por la crisis de México?

¿Cómo la ven? Escrito esto sin la menor intención de un albur futbolístico. Gil no quiere pasarse de listo, pero asiste a mesas en la cuales los lamentos se combinan con platillos deliciosos y caros, bebidas deliciosas y caras, comesales delciosos y caros, o como se diga. México está lejos de jauja, pero no está tan cerca del infierno como Karen Harfuch dice. Tan fácil que era decir: me emocioné con el gol de Lozano y grité como una loca. No: pongámosle un toque dramático: la crisis del país me hizo llorar. En fon.

CNTE

Una vez más, los maestros de la CNTE han tomado parte del Centro de la ciudad. La verdad sea dicha (muletilla patrocinada por Liópez y Morena), solo ha faltado que el gobierno le escriture el Centro. Van y vienen como Pedro por su casa, desquician el tránsito, duermen en sus no tan modestas casas de campaña a la mitad de la calle. El curioso que se acerque al campamento verá que no la pasan del todo mal los mentores, sobre todo reposan mientras los niños a los cuales tendrían que dar clases, se quedan en sus casas cultivando el analfabetismo.

 

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