Gil está de plácemes: el PES y el Panal perderán su registro. No existirán más estos partidos. Según los cómputos distritales, el Panal consiguió 561 mil 193 votos en la elección presidencial. Esta cifra representa 0.99 por ciento. Sin 3 por ciento en elecciones federales, los partidos se mueren. El PES logró en la presidencial un millón 530 mil votos, 2.7 por ciento. El consejero Baños ha informado que el INE designará a un interventor para liquidar estos partidos. Y revisar sus cuentas, inventarios y personal a su cargo.
Esta es la buena noticia. La mala: el PES va a desaparecer, pero deja en la Cámara de Diputados a más de 55 legisladores, todos ellos salidos de las filas de ese engendro. Y, por si fuera poco, dejará un gobernador: el prócer del césped, Cuauhtémoc Blanco. Esta media centena de diputados no tiene un ideario partidista, luego entonces vamos a contarlos como legisladores de Morena.
Los del Panal se venderán al mejor postor. Nos hemos librado de dos partidos impresentables, pero nos quedan sus legisladores, representantes de ese error de la democracia. Ahora mal sin bien: los pucheros partidistas no son exclusivos de Morena, si uno mete el cucharón en el perol del Frente salen ratones, cucarachas y otras especies no del todo agradables al paladar; ¿y qué decir de la coalición que apoyó al ciudadano Meade? Nada, guardemos un prudente silencio y pongamos una cifra: 16 por ciento. Lágrimas de sangre, como diría el extinto padre de Gil.
Senadora y senador
Gil lo leyó en su periódico MILENIO. Pintores extraordinarios se ponen de rodillas para pintar a sus madonas, Gilga se arrodilla para escribir estas líneas sublimes: Nestora Salgado y Félix Salgado Macedonio (¿son primos hermanos?) mostraron el documento que los acredita como senadores electos por Guerrero. Gilga se persigna: por la señal de la santa cruz, etcétera. Admitamos que estos dos personajes no enaltecen la política nacional, y no vengan con la paparruchada de que hay peores, sí los hay. A Nestora la defienden como a una heroína de la lucha social, si la defiende una mujer tan seria y serie como Marta Lamas, por algo será, pero caracho, poner cárceles y luego cobrar por la libertad de los encerrados, ¿no es un poco demasiado?
Félix Salgado, en cambio, es un pícaro. Un motociclista, actor de churrazos del cine nacional, bravucón de taberna, ligador de esquina y político inútil, inservible o solo servible para el puchero de Morena. Muy bonito. Sigan así, morenos, y pronto tendrán, más bien ya lo tienen, a un monstruo de mil cabezas. Nestora y Félix aparecen muy felices en la foto de su periódico MILENIO. Pues cómo no, faltaba menos, o más.
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